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Frecuencia: 10 a 15% de los niños venezolanos son portadores de amebas pero por fortuna sólo un mínimo porcentaje se vuelve sintomático.

Agente etiológico: Entamoeba histolytica.

Ciclo de vida: a través del agua o alimentos contaminados el ser humano ingiere quistes, muchos de ellos son destruidos por el jugo gástrico y los restantes llegan al colon; algunos se expulsan como tales (portadores asintomáticos), otros originan trofozoítos pequeños que viven como comensales y luego se enquistan, se excretan y comienza de nuevo el ciclo, pues los quistes son los únicos infectantes.

En ciertas circunstancias propicias (desnutrición, virulencia de las cepas, etc.) los trofozoítos aumentan de tamaño, invaden la mucosa, causan ulceraciones y determinan una amebiasis clínica.

Clínica: los niños asintomáticos y con quistes en las heces se denominan portadores y significan un peligro epidemiológico para la difusión de la enfermedad.

A diferencia de los adultos, sólo algunos niños presentan cuadros crónicos caracterizados por una sintomatología digestiva leve e imprecisa y que ocasionalmente se agudiza.

La invasión de trofozoítos a la mucosa del colon produce la forma aguda y más importante de la enfermedad: una enterocolitis que se manifiesta por cuadro diarreico severo, inicialmente inespe-cífico, pero que en pocas horas ya presenta heces mucosanguinolentas, de escaso volumen pero con evidente molestia o dificultad al exonerar (pujo) y, dependiendo de la edad y la capacidad de expresión, el niño manifestará dolor abdominal intermitente tipo retortijón y tenesmo rectal.

Diagnóstico: para la detección de quistes y trofozoítos en las heces es necesario el examen rápido de una buena muestra.

Complicaciones: por fortuna ha disminuido notablemente su frecuencia debido a la excelente terapia disponible en los últimos años.

La perforación intestinal, de altísima letalidad, sucede sólo en niños desnutridos, con amebiasis descuidada y su clínica incluye un pésimo estado general, deshidratación, dolor abdominal, resistencia muscular y especialmente una atonía del esfínter que permite la presencia involuntaria de escaso material mucosanguinolento (esputo rectal).

El absceso hepático, generalmente por vía porta desde el colon, rara vez se presenta durante la etapa aguda. Se caracteriza por un cuadro febril progresivamente elevado, escalofríos, palidez, dolor en hipocondrio derecho, hepatomegalia muy sensible y signos y síntomas de compromiso de la base pulmonar derecha por contigüidad. Rara vez se perfora o drena a las estructuras vecinas (pleura, pared costal, etc.). Hay leucocitosis con neutrofilia, sedimentación alta y ecografía positiva aun en abscesos iniciales o muy pequeños.

Tratamiento: las drogas antiamebianas están dirigidas a erradicar los trofozoítos e indirectamente los quistes que ellos originan, evitando así que continúe la cadena de transmisión o que una forma crónica o asintomática se reagudice en un momento dado. Para laforma disentérica y extrain-testinal se recomiendan:

1. Drogas nitroimidazólicas, de excelente acción a nivel tisular. La más tradicional es el metronidazol (40 mg/kg/día, en tres tomas sobre los alimentos, por siete días). Produce alguna intolerancia gástrica y ocasionalmente la orina tiene un color rojizo sin importancia. Se presenta en suspensión de 125 y 250 mg/5 mi y comprimidos y tabletas de 250 y 500 mg.

Otras drogas de este grupo son también muy eficaces en tratamientos más cortos pero en general tienen mayor intolerancia gástrica; son ellas el tinidazol (60 mg/kg/día, en una toma por tres días) en suspensión de 200 mg/ml y el secnidazol (30 mg/kg/dosis única) en suspensión de 500 y 750 mg.

Para casos graves o de severa intolerancia gástrica se usa el ornidazol venoso (30 mg/kg/día, en dos dosis) en ampollas de 1 g. Al mejorar se continúa por vía oral con algunas de las drogas discritas.

2. Drogas activas en la luz intestinal. Son útiles en las formas asintomáticas, crónicas y algunos autores las recomiendan como refuerzo del metronidazol o sus derivados en las formas agudas. El menos tóxico es el teclozán, pues no se absorbe y por lo tanto su dosis por kilo no está bien definida. Según la edad se dosifica entre 75 y 300 mg/día, entre dosis diarias. Viene en suspensión de 500 mg/5 mi.

En el absceso hepático no complicado se usa el metronidazol (50 mg/kg/día por diez días). En casos graves usar el ornidazol venoso y luego metronidazol oral cuando mejore el paciente. En raros casos es necesario punción evacuadora o drenaje quirúrgico.