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DEFINICIONES Y CONSIDERACIONES EPIDEMIOLOGICAS
Se define a la diarrea como el aumento de la
frecuencia, contenido líquido, y volumen de las heces. Un niño
experimentará entre uno y tres episodios de diarrea aguda por año, en
los tres primeros años de vida, cifra que asciende hasta diez por año en
comunidades de extrema pobreza. En los países en desarrollo la letalidad
por diarrea aguda infantil es elevada. En Chile las cifras de mortalidad
por diarrea aguda han tenido una tendencia histórica al descenso, y las
estadísticas actuales señalan que fallecen menos de 100 niños anuales en
todo el territorio a causa de esta enfermedad. Sin embargo, en nuestro
país, la diarrea es un problema importante, por su impacto en la salud
infantil general, por su relación con la desnutrición, y por la alta
demanda de atenciones ambulatorias y de hospitalizaciones que la
caracterizan. La diarrea aguda, entre nosotros, es una enfermedad
típicamente estacional, con muy pocos casos en invierno y una elevada
demanda de atenciones en verano.
La mayor parte de los episodios de diarrea aguda remiten espontáneamente
y duran de 3 a 7 días. Convencionalmente, se considera como diarrea
prolongada a la que dura más de 14 días. Una alta proporción de niños
que evolucionan hacia un curso prolongado presentan ya altas tasas
fecales y deshidratación iterativa a los 5-7 días de evolución
intrahospitalaria. Por ello, se ha propuesto el término de "diarrea en
vías de prolongación" para los casos que sobrepasan los 7 días, con
pérdidas fecales elevadas y deshidratación rebelde. Este concepto,
permite poner en marcha una toma de decisiones apropiada, sin esperar a
que la enfermedad cumpla con la definición convencional de "diarrea
prolongada".
ETIOLOGIAS DE DIARREA AGUDA (Tabla 1)
En Chile, el enteropatógeno más frecuentemente
aislado en niños hospitalizados por diarrea es el rotavirus. En la
comunidad, por otra parte, se aisla con mayor frecuencia: Escherichia
coli enteropatogénica (ECEP), Shigella, Giardia lamblia, Campylobacter
jejuni y rotavirus. En 30-40% de los casos no se aisla un patógeno
fecal. En numerosas oportunidades se aisla más de un patógeno en niños
con diarrea. El significado de este hallazgo en ocasiones es incierto.
Alrededor de un 5% de individuos asintomáticos son portadores de
enteroparásitos. Una proporción más bien baja de individuos
asintomáticos son también portadores de ciertos patógenos, incluyendo C.
jejuni, Shigella y rotavirus, el cual se ha aislado de las deposiciones
de un 4-5% de recién nacidos sanos.
Actualmente, en nuestro país es posible aislar un enteropatógeno en la
mayoría de los episodios de diarrea aguda en niños hospitalizados. En
porcentajes que van entre 5 y 30% de los casos, los métodos diagnósticos
en uso no permiten identificar el patógeno fecal.
En ocasiones, el rotavirus se superpone a un episodio previo de diarrea
iniciado por otra causa, dando así origen a una diarrea de evolución
prolongada que consiste, realmente en 2 o más episodios individuales
sucesivos o superpuestos. En estos casos es común que se interprete el
cuadro, erróneamente, como un solo episodio de larga duración. Con
cierta frecuencia se aislan determinados serotipos de ECEP, tanto en
niños hospitalizados como en niños sanos de la comunidad. Con menos
frecuencia que los agentes antes mencionados se ven Shigella sp.,
Salmonella, sp., Campylobacter jejuni y Cryptosporidium en niños
hospitalizados. El cólera ha sido una etiología muy rara de diarrea
aguda en Chile, hasta ahora, a pesar de su implantación reciente en el
país.
Un hecho característico de las infecciones por bacterias enteropatógenas
es que ocurren con mayor frecuencia en niños que no reciben lactancia
materna, lo que recalca el importante papel protector de la lactancia
materna exclusiva frente a enteropatógenos, especialmente en los
primeros meses de vida, en que el lactante parece ser más lábil a la
ECEP y a otros patógenos. En el lactante alimentado al pecho materno, la
infección por rotavirus puede producirse, pero generalmente es más leve
o inaparente.
Dado el conocimiento actual sobre la etiopatogenia de la diarrea aguda y
la creciente disponibilidad de variados métodos diagnósticos
microbiológicos, es impropio formular el diagnóstico de "diarrea
parenteral" o de "transgresión alimentaria" en pacientes pediátricos,
sin una investigación apropiada de la flora enteropatogénica del
paciente.
TABLA 1
ETIOLOGIAS DE DIARREA AGUDA INFANTIL EN CHILE
Agentes más frecuentemente aislados:
- Rotavirus *
- Escherichia coli enteropatógena (ECEP)
*
- Campylobacter jejuni
- Shigellæ sp
- Salmonellæ sp
- Cryptosporidium sp
- Escherichia coli enterotoxigénica (ECET)
Agentes aislados con menos frecuencia:
- Escherichia coli enteroinvasora (ECEI)
- Giardia lamblia
- Entamoeba histolytica
- Yersinia enterocolitica
- Adenovirus entéricos
- Virus Norwalk
* patógenos más frecuentemente aislados en niños
hospitalizados con diarrea agua
MECANISMOS DE DIARREA
En el intestino delgado, ocurre absorción del agua
y electrolitos por las vellosidades del epitelio y, simultáneamente,
secreción de éstos por las criptas. Normalmente la absorción es mayor
que la secreción, por lo que el resultado neto favorece ligeramente a la
absorción, con lo que más del 90% de los fluídos que llegan al intestino
delgado son absorbidos a lo largo del tracto gastrointestinal. Si se
produce cualquier cambio en el flujo bidireccional, es decir, si
disminuye la absorción o aumenta la secreción, el volumen que llega al
intestino grueso pudiera superar la capacidad de absorción de éste, con
lo que se produce diarrea. La diarrea acuosa puede producirse
básicamente por dos mecanismos, que pueden sobreponerse en un mismo
individuo. Éstos son: a) Secreción --> diarrea secretora; b) Acción
osmótica --> diarrea osmótica.
El rotavirus causa una lesión parcelar de las células absortivas de la
mucosa del intestino delgado, lo que da origen a mala absorción parcial
y transitoria de nutrientes, como mecanismo inicial de la diarrea. Luego
ocurre una proliferación rápida de las células inmaduras de las criptas,
las que poseen una actividad secretora predominante, con una
insuficiente capacidad absortiva. Por ello es común que durante el curso
de la enteritis aguda por rotavirus haya un cierto grado de pérdidas
fecales (mala absorción) de diversos nutrientes. Como suelen preservarse
amplias áreas de la mucosa con normalidad histológica y funcional, se
considera que la mucosa no dañada compensa la disfunción de las áreas
invadidas por el virus. La enfermedad es autolimitada, con un comienzo
brusco con vómitos y fiebre, a los que sigue la diarrea, que dura de 5 a
7 días. Las tasas fecales son relativamente altas y la gran mayoría de
estos pacientes se recuperan perfectamente con uso exclusivo de terapia
de rehidratación oral (TRO) y una realimentación precoz, iniciada luego
de la fase inicial de TRO.
Las cepas enterotoxigénicas de E. coli producen toxinas que inducen una
elevada secreción intestinal de agua y electrolitos. En este sentido, el
mecanismo aludido es semejante, cualitativamente, al producido por el
Vibrio cholera. Sin embargo este último genera unas pérdidas fecales
(por exacerbación del mecanismo secretor) aún más elevadas. Las cepas
enteroadherentes de Escherichia coli al adherirse estrechamente a la
mucosa intestinal pueden destruír el ribete en cepillo de las células de
la superficie sobre la cual se implantan. La Shigella y las cepas
invasoras de Escherichia coli invaden la mucosa y la Shigella además
elabora una toxina secretogénica. El Clostridium difficile, que
habitualmente se asocia con el uso de antibióticos, también elabora
toxinas, las que afectan el intestino grueso.
COMPLICACIONES DE LA DIARREA AGUDA
La deshidratación con acidosis es la complicación
más común de la diarrea aguda. En la diarrea predominantemente
secretora, el contenido intestinal presenta altas concentraciones de
sodio y cloruros. En diarreas predominantemente osmóticas, el contenido
de electrolitos es más bajo. En estos casos, la osmolaridad del
contenido fecal depende principalmente de la presencia de sustratos
orgánicos (hidratos de carbono no absorbidos, ácidos orgánicos de cadena
media, etc.) La mayoría de las diarreas que causan excesivas pérdidas de
líquidos resultan en una concentración isotónica de los espacios
corporales (isonatremia). En niños desnutridos o con diarrea crónica o
repetida, tiende a producirse hiponatremia. La deshidratación
hipernatrémica, por otra parte, se ve raramente en la actualidad y su
tratamiento requiere de una corrección de la deshidratación más lenta y
controlada.
Se habla de deshidratación leve o inaparente, (que es la que más
frecuentemente se produce en diarreas agudas), cuando las pérdidas de
agua corporales son inferiores a 40-50 ml/kg de peso corporal. Hasta
este límite de pérdida, aproximadamente, los signos clínicos objetivos
de deshidratación son pocos. En primer lugar no se observa aún sequedad
de las mucosas o disminución de las lágrimas. Sin embargo, puede haber
aumento en la velocidad del pulso y una cierta palidez de la piel. El
paciente se aprecia, además, algo sediento. En estos casos es correcto
hablar de deshidratación "inaparente", porque, a pesar de la pérdida de
agua corporal, ésta no se ha hecho todavía sentir en los índices
objetivos del examen físico. Cuando la deshidratación alcanza a pérdidas
de líquido corporal de 50 a 100 ml/kg de peso, es corriente referirse a
ella como deshidratación "moderada". Si las pérdidas superan los 100 ml/kg
de peso se habla ya de deshidratación "grave". La acidosis es
relativamente proporcional al grado de deshidratación. Esta
clasificación ha tendido a perder vigencia con el tiempo, y se prefiere
recurrir a clasificaciones más funcionales, generadoras por ello, de una
pronta toma de decisiones, más que usar clasificaciones puramente
descriptivas. Los signos clínicos de deshidratación se detallan en la
Tabla 4.
DIAGNOSTICO DE LA DIARREA AGUDA Y EXAMENES DE
LABORATORIO
En la historia clínica de la enfermedad es
esencial indagar sobre: duración de la enfermedad; características de
las deposiciones; frecuencia de evacuaciones durante las 24 horas
previas; presencia y frecuencia de vómitos; presencia de fiebre,
irritabilidad, decaimiento, sed; capacidad o no de recibir alimentos y
líquidos; tipo y volumen de los alimentos recibidos; normalidad o no de
la diuresis, etc. Algunas consideraciones epidemiologicas son también
útiles, tales como: si el niño asiste al jardin infantil, si ha
consumido vegetales o mariscos crudos o si ha realizado viajes
recientes. En el examen físico, se debe evaluar el estado general del
niño; su estado de conciencia, y muy especialmente, el grado de
deshidratación y la presencia de manifestaciones que puedan impartir un
carácter especial al cuadro (distensión abdominal marcada, edema, fiebre
alta, etc.) Es importante pesar al niño, puesto que así podrá
objetivarse si sufrió o no una pérdida de peso importante durante la
diarrea. Este cálculo es factible sólo si se conoce el peso previo del
niño, registrado unos pocos días antes. En todo caso, el peso al ingreso
(o al momento del diagnostico) servirá para ser usado como registro de
línea base y valorar sus cambios durante el curso de la enfermedad.
Exámenes destinados a obtener información etiológica:
Habitualmente se toma al ingreso una muestra fecal para investigar la
presencia de rotavirus, por ser éste el patógeno más frecuentemente
asociado a diarrea aguda en niños hospitalizados en Chile. En ciertas
circunstancias, será necesario recurrir al aislamiento de
enteropatógenos mediante coprocultivo (por ej. cuando existe síndrome
disentérico o diarrea acuosa con ausencia de rotavirus), o a exaámenes
parasitológicos fecales (Telemann, PAFS, tinciones para Cryptosporidium,
etc.) En el síndrome disentérico, deberá también buscarse Entamba
histolytica.. Los leucocitos fecales son de utilidad muy limitada en la
práctica diaria. Se correlacionan con la presencia de una bacteria
invasora sólo cuando están presentes en alto número (+++), pero en esta
situación ya es posible observar pus, e incluso sangre a simple vista.
Si los leucocitos fecales son (+) a (++), el examen pierde
inmediatamente especificidad, por lo que no se recomienda usarlo en esta
última instancia como índice diagnóstico etiológico o como criterio de
decisión para prescribir tratamiento (antibióticos). Se puede apreciar
presencia de moderada cantidad de leucocitos fecales en diarrea por
agentes no invasores, incluyendo el rotavirus, probablemente como
manifestación microscópica de una inflamación química del área rectal o
perianal.
Exámenes complementarios: Ciertos exámenes complementarios ayudan
a evaluar globalmente al paciente o a caracterizar mejor la diarrea. En
algunos pacientes hospitalizados será útil recurrir a exámenes
bioquímicos, como electrolitos del plasma, gases en sangre, etc. aunque
se suele abusar de estos exámenes como elementos para individualizar la
toma de decisiones terapéuticas. En general, cualquier tipo de
deshidratación ya sea leve o moderada puede corregirse sin problemas por
la vía oral, usando la terapia de rehidratación oral (TRO) una vez que
las necesidades del paciente se han identificado mediante su historia y
examen físico, tal como se ha mencionado antes. Si al paciente se le
indica un determinado esquema de rehidratación oral, con control clínico
bajo vigilancia médica, es innecesario efectuar los exámenes
mencionados.
También se suele abusar de los exámenes que miden pH y sustancias
reductoras fecales, dado que cierto grado de mala absorción parcial y
transitoria de hidratos de carbono es casi de regla en determinadas
diarreas agudas infantiles, lo que no justifica el uso de dietas exentas
de hidratos de carbono (lactosa). En diarreas de curso inhabitual
(duración mayor de 7 días, por ejemplo), así como en pacientes con
sospecha de tener una deficiencia primaria de sacarasa-isomaltasa, en
desnutridos graves y en lactantes menores de 3 meses, puede justificarse
el usar las pruebas de pH y sustancias reductoras fecales con criterio
de toma de decisiones. Es aconsejable no olvidar que los lactantes que
reciben leche materna tienen normalmente un pH fecal ácido y sustancias
reductoras presentes.
Por último, ciertas pruebas de laboratorio, como los exámenes de orina,
el hemograma, la velocidad de sedimentación, etc., pueden colaborar en
la evaluación del paciente. En nuestro medio se ha tendido a
sobrevalorar la responsabilidad etiológica de la infección del tracto
urinario (ITU) en la producción de diarrea aguda infantil. Sin embargo,
la realización de exámenes de orina se justifica más que nada con el
propósito de hacer un "rastreo" de ITU en el niño hospitalizado con
diarrea de origen no precisado, dado que, característicamente, la ITU se
presenta de manera bastante inespecífica y solapada en la infancia.
DIARREA Y NUTRICION
La diarrea aguda induce efectos adversos sobre la
nutrición por variadas causas: vómitos, mala absorción, hipercatabolismo,
anorexia, y suspensión o dilución inmotivada de la alimentación. En este
último caso hay claramente un factor iatrogénico, el que constituye hoy
en día un serio problemas global que conspira contra el tratamiento
racional de la diarrea. Para minimizar los efectos adversos de la
diarrea, la alimentación debe continuar durante la enfermedad,
ofreciéndole al niño tanto como desee comer. Ha sido bien documentado
que la recuperación nutricional es superior cuando se les ofrece a los
niños una ingesta dietética liberal durante la diarrea, que cuando se
les restringe la alimentación. La alimentación continuada provee de
proteínas y energía al paciente evitando así los carencias, ayuda a
regenerar la mucosa intestinal y evita la suspensión de la lactancia
materna. Es importante considerar que no hay ninguna evidencia
científica sólida que fundamente la suspensión, reducción o dilución de
la alimentación normal del niño mientras éste tenga diarrea, o durante
la convalescencia. Es muy improbable que el hecho de mantener la
alimentación continuada durante la enfermedad pueda inducir una pérdida
mayor de líquidos y electrolitos. Tampoco es necesario - salvo en casos
excepcionales - el uso de fórmulas sin disacáridos durante la diarrea
aguda. La mala absorción de hidratos de carbono que se ve durante el
curso de la diarrea es, en la mayor parte de los casos un fenómeno
parcial, transitorio, y más un epifenómeno que un factor agravante de la
diarrea. Por otra parte, se debe ser cuidadoso para no ofrecer al
paciente con diarrea, volúmenes de leche, por ejemplo, que superen lo
que normalmente toma estando sano, ya que la enteritis que está
sufriendo, obviamente, le va a dificultar la digestión y absorción de
cantidades mayores de lactosa que las que está habituado a recibir.
MEDICAMENTOS
No es en absoluto recomendable usar medicamentos
tales como antiespasmódicos, antisecretores, adsorbentes ni otros
antidiarreicos. Los antibióticos o antimicrobianos tienen indicaciones
precisas y éstas se reducen a su uso en los casos de disentería (Shigella,
principalmente), de diarrea de curso severo por ciertas cepas de ECEP,
de amibiasis, giardiasis, etc., teniéndose en cuenta que la mayoría de
las diarreas agudas infantiles son de curso autolimitado (rotavirus,
algunas cepas de E. coli, Campylobacter jejuni y otros).
TRATAMIENTO DEL NIÑO CON DIARREA AGUDA:
REHIDRATACION Y REALIMENTACION
Un esquema útil para manejar al niño con diarrea
parte de evaluar el grado de deshidratación y de la disponibilidad de la
via oral, según lo cual se selecciona uno de los planes de tratamiento
siguientes: - Plan de tratamiento A: para prevenir la deshidratación en
niños sin deshidratación clínica; - Plan de tratamiento B: para tratar
la deshidratación mediante el uso de SRO en pacientes con deshidratación
clínica sin shock y, - Plan de tratamiento C: para tratar con rapidez la
deshidratación con shock o los casos de niños que no pueden beber. (La
evaluación clínica del paciente y la puesta en práctica de estos planes
terapéuticos está descrita en detalle en el "Manual de Tratamiento de la
Diarrea" - Serie Paltex para ejecutores de programas de salud, Nº 13.
Org. Panamericana de la Salud, 1987.)
TABLA 2
BASES DEL TRATAMIENTO DE LA DIARREA AGUDA
- Prevenir la deshidratación si ésta no se ha
evidenciado en forma clínica
- Corregir la deshidratación cuando ella está
presente
- Mantener la provisión de líquidos durante el
curso de la diarrea
- Mantener la alimentación durante la diarrea y
la convalescencia
- Erradicar el agente causal sólo cuando esto es
deseable, factible, útil y no constituye un riesgo para el paciente
- Evitar la iatrogenia
Se debe distinguir entre la rehidratación, es
decir la reposición de las carencias de líquidos, y la terapia de
mantenimiento de la hidratacion durante la diarrea, es decir, el
reemplazo, volumen a volumen, de las pérdidas fecales a medida que se
van produciendo. Los pacientes con deshidratación sin shock pueden ser
tratados exitosamente por la vía oral usando la solución de
rehidratación oral (SRO) preconizada por la OMS/UNICEF, u otras
soluciones de rehidratación oral fisiológicamente aptas, a lo que
seguirá la realimentación precoz con fórmulas lácteas y alimentos
semisólidos. Mientras la diarrea continúe, deberá recurrirse al uso
continuado de SRO, alternada con agua u otros líquidos hipoosmolares
(leche materna, por ejemplo.) También se pueden usar soluciones con
concentraciones de sodio inferiores a los de la SRO de la OMS/UNICEF (ej.:
60, 45 mEq/lt). La administración de SRO debe hacerse en forma gradual y
fraccionada, usando taza y cuchara o gotario. No se aconseja, en
principio, emplear biberones porque los volúmenes relativamente grandes
así ofrecidos pueden inducir el vómito en el niño. Las sondas
nasogástricas solamente deben ser usadas en situaciones especiales,
incluyendo la carencia de personal auxiliar, aunque la solución lógica
para este problema debiera ser que la propia madre tomara parte en el
tratamiento y cuidados del niño. El grado de deshidratación del paciente
determina el plan de tratamiento a seguir. Para tratar con prontitud la
deshidratación grave es aconsejable recurrir a la administración rápida
de soluciones de rehidratación por vía venosa, durante un plazo corto de
2 a 4 horas, con la complementación con SRO por boca una vez que se haya
corregido la deshidratación clínica. Esta situación ocurre en no más del
5% al 10% de los lactantes hospitalizados con diarrea. Los pacientes con
shock hipovolémico por deshidratación grave, íleo paralítico, estado de
coma, convulsiones, o los que presenten pérdidas fecales o por vómitos
que excedan con mucho los volúmenes que se pueden aportar por boca,
requieren tratamiento con fluídos intravenosos.

Planes A, B y C:
En breve, el plan A se basa en las siguientes
medidas: aumentar la ingesta de líquidos y mantener la lactancia
materna; seguir dando los alimentos habituales - incluyendo leche de
vaca - y observar al niño para identificar a tiempo los signos de
deshidratación u otros problemas. Los líquidos a suministrar pueden ser
alimentos caseros: agua de arroz, sopas de cereales y pollo, yogurt, o
bien soluciones de rehidratación oral con 30 a 60 mEq/lt de sodio. Están
contraindicadas las bebidas carbonatadas y jugos industriales, por su
elevada osmolaridad y alto contenido de hidratos de carbono. Los niños
menores de dos años deben recibir alrededor de 50 a 100 ml de SRO
después de cada evacuación diarreica; en los niños de más edad se puede
usar el doble de ese volumen.
El plan de tratamiento B se basa en la necesidad de suministrar, durante
un período corto de rehidratación, un volumen de líquidos que sirva para
reemplazar el déficit de agua y electrolitos causadas por la diarrea y/o
vómitos. En este caso, se propone emplear entre 50 y 100 ml/kg durante
las primeras 4 a 6 horas. El paciente tiende a dejar de beber la
solución tan pronto se rehidrata, puesto que sus mecanismos
homeostáticos ya funcionan con eficiencia. Cuando el niño está bien
hidratado, se pasa a la fase de mentenimiento, que ha sido antes
descrita (Plan A).
El plan de tratamiento C combina la administración muy rápida de
soluciones de rehidratación por vía venosa, durante un plazo corto de 2
a 4 horas, con la complementación con SRO por boca una vez que se haya
corregido la deshidratación clínica.
TRATAMIENTO DE CASOS ESPECIALES:
En no más del 5 al 10% de los lactantes
hospitalizados con diarrea se requiere usar soluciones intravenosas
adicionales. Las causas principales para la rehidratación intravenosa
son: shock hipovolémico por deshidratación grave, íleo paralítico,
estado de coma y convulsiones. También puede suceder que las pérdidas
fecales o por vómitos excedan con mucho los volúmenes que se pueden
aportar por boca. Esto ocurre cuando los flujos fecales son superiores a
10 ml/kg/hora o si hay 4 o más vómitos de gran volumen en una hora. Los
restantes pacientes pueden ser en su totalidad tratados exitosamente con
soluciones de rehidratación oral. Cuando es necesario recurrir a la
terapia intravenosa de urgencia, debido a una deshidratación grave, ésta
debe complementarse usando la vía oral con SRO, tan pronto se haya
repuesto la carencia de líquidos por vía parenteral.
El hecho de acortar el período de rehidratación permite que el paciente
recupere la normalidad de sus funciones en un período relativamente
breve. Con ello, entre otras cosas, el paciente recupera pronto el
apetito, lo que permite suministrarle cantidades normales de alimento
con la misma densidad energética que recibía antes de enfermar.
Según la concentración de sodio en el suero, la deshidratación se
clasifica en tres tipos: isonatrémica, (131 a 149 mEq/L); hiponatrémica
(< 130 mEq/L) e hipernatrémica (> 150 mEq/L). Desde luego que esta
clasificación es convencional y los límites señalados para separar los
tres tipos son relativamente arbitrarios. Esta clasificación, sin
embargo, pretende identificar las situaciones especiales que podrían
requerir de un manejo clínico diferente.
ANEXO
PLANES A, B Y C DE MANEJO DEL NIÑO CON DIARREA
Plan A
Para enseñar a la madre a:
· Continuar tratando en el hogar el episodio de diarrea de su hijo
· Dar tratamiento precoz en el hogar en futuros episodios de diarrea
Explicar las tres reglas para tratar diarrea en el hogar:
1· Dar al niño más líquidos que lo habitual para evitar deshidratación:
Usar líquidos fisiológicamente formulados, (SRO, sopas, agua de arroz,
yogurt sin aditivos), y alternar con agua pura. Usar SRO tal como se
describe mas abajo. En niños que aún no reciben sólidos dar SRO u otros
líquidos, pero no comidas propiamente tales (sopas, etc.) Dar tanto como
lo que el niño acepte. Continuar dando estos líquidos hasta que termine
la diarrea.
2· Dar al niño alimentación normal para evitar desnutrición: Continuar
con lactancia materna. Si el niño no recibe lactancia materna, dar las
fórmulas de costumbre. Si el niño ya recibe sólidos, dar cereales
(arroz, fideos, sémola, maicena, etc.) con carnes y verduras. Agregar
aceite antes de servir. Dar plátano para proporcionar potasio.
3· Llevar al niño a control pronto si el niño no mejora en tres días, o
si desarrolla: vómitos frecuentes, decaimiento marcado, sangre fecal,
fiebre alta, exceso de deposiciones líquidas. Si al niño le dan SRO en
casa, mostrar a la madre como se prepara y administra la ORS. Después de
cada deposición alterada dar los siguientes volumenes:

Forma de administrar SRO:
· Dar una cucharadita cada 1-2 minutos en niños menores de 2 años
· Dar tragos frecuentes en niños mayores
· Si el niño vomita, esperar 10 minutos. Luego continuar con más
lentitud. Ej.: 1 cucharadita cada 2 a 3 minutos.
Plan B
Para tratar deshidratación clínica mediante
rehidratación oral
Volúmenes aproximados de SRO para dar en las primeras 4 horas:

* Usar la edad del paciente sólo cuando no se
conozca el peso. El volumen aproximado de SRO en ml. puede calcularse
multiplicando el peso del paciente en kgs. por 75.
· Si el niño pide más SRO que lo señalado, dar más.
· Si la madre da pecho, que siga dándolo entre las administraciones de
SRO.
· En niños menores de 4 meses que no reciben pecho, se puede alternar la
SRO con agua pura: 100-200 cc. en 4 hrs.
· Mostrar a la madre como preparar y dar SRO.
· Dar una cucharadita cada 1-2 minutos en niños menores de 2 años
· Dar tragos frecuentes en niños mayores
· Si el niño vomita, esperar 10 minutos. Luego continuar con más
lentitud. Ej.: 1 cucharadita cada 2 a 3 minutos.
· Si el niño desarrolla edema palpebral, suspender la administración de
SRO y dar agua o leche materna. Pasar posteriormente al plan A.
Después de 4 horas, reevaluar al niño cuidadosamente de acuerdo a la
tabla. Luego, seleccionar el plan apropiado.
· Si no hay signos de deshidratación, pasar a Plan A.
· Si todavía hay deshidratación, repetir Plan B pero empezar a ofrecer
alimentación, tal como se detalla en plan A.
· Si han aparecido signos de deshidratación grave, pasar a Plan C.
· Dar a la madre SRO para que le sea administrada al paciente en la
casa.
· Dar a la madre instrucciones sobre como realimentar al paciente,
(según el Plan A)
Plan C
Para tratar deshidratación grave de inmediato
Si se puede comenzar con líquidos intravenosos (iv) de inmediato:
· Empezar con líquidos iv. Dar 100ml/kg de solución Ringer-Lactato, o si
no está disponoble: dar solución de NaCl al 9 por mil (salino). Si el
paciente puede beber, dar solución de rehidratación oral (SRO) mientras
está pasando la infusión iv. Los líquidos iv se dan de la siguiente
manera:

* Repetir una vez más si el pulso radial no es detectable o todavía es
muy débil.
· Evaluar nuevamente al paciente cada una o dos horas. Si la hidratación
no ha mejorado, aumentar la velocidad de goteo.
· Dar también SRO (alrededor de 5 ml/kg/hora) tan pronto como el
paciente pueda beber: habitualmente después de 3 a 4 horas en menores de
un año o después de 1 a 2 horas en pacientes mayores.
· Después de 6 horas en menores de un año y después de 3 horas en
pacientes mayores, evaluar nuevamente al paciente, usando la tabla de
evaluación de hidratación. Luego, elegir el plan apropiado para
continuar tratamiento (plan A, B, C).
Si no se puede comenzar con líquidos intravenosos (iv) de inmediato,
pero se va a trasladar al paciente a otro sitio prontamente:
· Enviar al paciente inmediatamente a donde le puedan poner una infusión
iv.
Si no se puede comenzar con líquidos intravenosos (iv) de inmediato,
pero se va a trasladar al paciente a otro sitio prontamente:
· Enviar al paciente inmediatamente a donde le puedan poner una infusión
iv.
· Dar a la madre SRO para que le sea administrada al paciente mientras
dure el viaje, si el paciente puede beber.
Si el médico o la enfermera están entrenados para colocar una sonda
nasogástrica (sng) y no se puede trasladar al paciente prontamente:
· Iniciar rehidratación por sng usando SRO: dar 20 ml/kg/hora por 6
horas (total de 120 ml/kg).
· Re-evaluar al paciente cada 1 ó 2 horas. Si hay vómitos repetidos o
distensión abdominal creciente, dar la SRO más lentamente. Si la
hidratación no ha mejorado después de3 horas, enviar al paciente para
terapia iv.
* Repetir una vez más si el pulso radial no es detectable o todavía es
muy débil.
· Evaluar nuevamente al paciente cada una o dos horas. Si la hidratación
no ha mejorado, aumentar la velocidad de goteo.
· Dar también SRO (alrededor de 5 ml/kg/hora) tan pronto como el
paciente pueda beber: habitualmente después de 3 a 4 horas en menores de
un año o después de 1 a 2 horas en pacientes mayores.
· Después de 6 horas en menores de un año y después de 3 horas en
pacientes mayores, evaluar nuevamente al paciente, usando la tabla de
evaluación de hidratación. Luego, elegir el plan apropiado para
continuar tratamiento (plan A, B, C).
Nota: Para facilitar el cálculo de déficits de
líquido corporal, y con ello, el cálculo del volumen de líquidos a
suministrar, dentro de la categoría de deshidratación moderada, es
posible incluso diferenciar los siguientes subgrupos:
1) Con lengua y otras mucosas algo secas, y mínima pérdida de turgor y
elasticidad de la piel, en que la deshidratación es del 5 al 6 %.
2) Disminución más marcada del turgor y la elasticidad, manifestada en
signo del pliegue positivo, pero poco acentuado, lágrimas muy escasas o
casi ausentes, (puede haber tambén comienzo de hundimiento de
fontanela): 7 a 8%.
3) En adición a lo anterior, si se nota el pulso débil y se acentúan el
signo del pliegue y el hundimiento de fontanela y comienza a haber
hundimiento de los globos oculares
TABLA 4
ANTIMICROBIANOS USADOS EN CASOS ESPECIFICOS DE
DIARREA AGUDA
- Shigella: Antibióticos de amplio espectro:
Cloramfenicol, Cotrimoxazol, etc.
- E.coli enterotoxigénica: Furazolidona, Sulfato
de colistín, (Gentamicina)
- Amebiasis intestinal aguda: Metronidazol
- Giardiasis: Metronidazol
- Campylobacter jejuni: Eritromicina. (La diarrea
asociada a esta bacteria es de curso autolimitado; el empleo de
antibióticos sólo hace más precoz la erradicación del germen, sin
modificar el curso clínico.)
TABLA 5
MEDIDAS QUE DEBEN EVITARSE EN EL TRATAMIENTO DE LA DIARREA
- Suspensión de la lactancia materna.
- Uso de líquidos de hidratación no fisiológicos:
bebidas carbonatadas u otras que tienen también alta osmolaridad y
elevado contenido de azúcares (jugos y jaleas industriales, zumos de
frutas, etc.)
- Uso de antieméticos, antidiarreicos,
antiespasmódicos, antisecretorios, adsorbentes.
- Uso indiscriminado de antibióticos o
antimicrobianos.
- Suspensión de la alimentación más allá de las 4
a 6 horas que siguen a la rehidratación inicial.
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