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Generalidades

Los enterovirus (coxsackie, echo, entero y poliovirus) son responsables de enfermedades humanas frecuentes que generan manifestaciones clínicas notables. Por compartir propiedades físico-químicas y ciertas características epidemiológicas y clínicas en la génesis de las enfermedades que producen se han agrupado como parte de los picornavirus (pico = pequeño) desde 1957.

La primera entidad enteroviral descrita fue la poliomielitis, en el antiguo Egipto (Dinastía 18: 1580-1350 AC). La primera descripción médica, sin embargo, se debió a Michael Underwood, pediatra londinense en 1789 en su "Tratado de Enfermedades Infantiles". Durante el s. XIX apare­cieron varios informes de "parálisis infantil" epidé­mica de etiología desconocida, hasta que en 1860 y 1870 se estableció firmemente que la médula espinal era el asiento del proceso patológico.

El virus se aisló inicialmente en monos por Landsteinery Popperen 1908. Gracias a la dispo­nibilidad de un modelo animal, se demostró que la enfermedad intestinal no reconocida es la usual y que la enfermedad paralítica constituye una even­tualidad relativamente infrecuente.

Los virus coxsackie y echo han tenido una historia mucho más corta. La pleurodinia epidémi­ca fue descrita en 1735 por Hannaeus 200 años antes que su agente etiológico fuera descubierto. En 1948, Dalldorf y Sickles reportaron por vez primera el aislamiento de un virus coxsackie utili­zando la inoculación en ratón lactante. Debido a la aparente incapacidad para relacionar muchos de estos nuevos virus con enfermedad fueron llama­dos virus "huérfanos" (orphan en inglés). Más tarde se agruparon y se llamaron Enteric Cytopha-thogenic Human Orphan virus o ECHO virus.

Virología

Morfología y clasificación. Son virus RNA de una tira que bajo microscopia electrónica, miden 24-30 nm y son formadas por cápsides proteicas sin envoltura que consituyen el 70-75% de las partículas y un core central de RNA (nucleoide). La cápside de los enterovirus está organizada en capsómetros bastante distintos cuyo número exac­to oscila entre 32, 42 y 60.

Todos los enterovirus contienen proteínas estructurales VP1, VP2, VP3 y VP4. Su función es proteger el RNA de las nucleasas y además son determinantes importantes del rango o variedad de huéspedes del virus, de su tropismo y su antigenicidad. Existen 24 tipos de coxsackie A, 6 de coxsackie B y 34 de echo. Recientemente han emergido muchas cepas que no se adhieren a estas rígidas especificaciones. Por esta razón, entre otras, los nuevos enterovirus descritos se asignan a números de tipo de enterovirus más que a números de echo o coxsackie.

Características y sistemas de crecimiento. Los enterovirus son relativamente estables y mantienen su actividad por varios días a temperatura ambiente. Son inactivados rápidamente por el calor (> 56°C), formaldehído, cloro y luz ultravioleta. Las cepas crecen rápidamente y causan citopatología en 3 a 7 días. Usualmente se obtienen concentraciones de 106"7 de dosis infecciosa por 0.1 mi de cultivo tisular líquido. Aunque existen varios sistemas de cultivos tisulares primarios o secundarios, los provenientes de riñon de mono rhesus son los de mejor espectro. Los cultivos de origen humano tienen un espectro más limitado; sin embargo, varios echovirus han sido aislados primariamente de manera más consistente en estos cultivos que en los de origen simiano. Un sistema satisfactorio para aislamiento primario de enterovirus debe incluir: rhesus primario, cyno-molgus o riñon de mono verde africano, fibroblastos pulmonares humanos embriónicos diploides y lí­nea celular RD (rabdomiosarcoma) al igual que la inoculación intraperitoneal e intracerebral del ra­tón lactante menor de 24 horas de vida.

Antígenos. Aunque se pueden encontrar algunas reacciones cruzadas menores entre varios tipos de coxsackie y de echo, no existen antígenos de grupo comunes con importancia diagnóstica. La identificación de virus del polio, coxsackie y echo por neutralización en ratón lactante o cultivos tisulares con antisueros, está bien definida. La neutralización es inducida por epítopes en las proteínas enterovirales VP1, 2 y 3.

Rango de huéspedes. Es de opinión general que los humanos son los únicos huéspedes naturales de los enterovirus. Sin embargo, se han aislado en insectos, mamíferos y ostras. Es probable que la infección de estos animales fuera el resultado de contacto directo con excrementos humanos o con humanos infectados. La contaminación de ostras es preocupante, ya que además de su posible papel en infección humana, constituyen una fuen­te de almacenamiento de los virus durante los meses fríos.

Epidemiología

Transmisión. La diseminación sucede persona a persona, probablemente por las rutas fecal-oral y oral-oral (diseminación respiratoria).

La transmisión oral-oral por manos contami­nadas del personal de salud y la transmisión por fómites se han documentado en pabellones pediátricos.

Los niños son el grupo más susceptible por sus particularidades inmunológicas y sus hábitos higiénicos. La diseminación es niño a niño (por heces a piel o a boca) y de allí a los grupos familiares.

Distribución geográfica. La distribución de los enterovirus es mundial como se ha demostrado en investigaciones serológicas, donde además se ha encontrado que virtualmente cada cepa puede crecer en cualquier sitio. En un área dada, siempre existirán importantes fluctuaciones en el tipo de cepa predominante. Las epidemias probablemen­te sean el resultado de la exposición de un grupo poblacional nuevo que de reinfecciones, ellas pueden ser localizadas o esporádicas y varían de etiología de lugar a lugar durante el mismo año. En climas con estaciones, las infecciones ocurren primordialmente en verano y en otoño, siendo prevalentes todo el año en el trópico. Un hecho clave en el entendimiento de la epidemiología de estas infecciones consiste en el gran número de infecciones subclínicas que suceden comparadas con el de infecciones clínicamente aparentes. En el caso de la poliomielitis, varios estudios epide­miológicos ayudaron a dilucidar el problema; en poblaciones expuestas a malas condiciones de higiene, no ocurrían epidemias pero se confirma­ba una amplia diseminación del virus por la pre­sencia de anticuerpos específicos en cerca del 100% de los niños menores de 5 años.

El grupo de edad más golpeado en las áreas endémicas y en las epidemias tempranas es el de los más jóvenes: más del 90% de los casos de polio paralítico suceden en niños menores de 5 años. Una vez que este patrón de endemicidad se establece, es irreversible a menos que se lleven a cabo programas de vacunación efectivos. A medi­da que las epidemias recurren sobre un período de años, el patrón de grupo de edad se desvía hacia un pico entre los 5-14 años y un incremento en la proporción de los adultos jóvenes infectados. Este hecho está condicionado por una mejoría en los factores socioeconómicos y de calidad de vida. El uso extenso de vacunas durante los últimos 30 años ha producido una eliminación virtual de la poliomielitis paralítica de grandes áreas geográfi­cas, pero la enfermedad permanece endémica en varias partes del mundo. Adicionalmente, siguen ocurriendo epidemias, particularmente en países en vías de desarrollo donde problemas económi­cos y de otro tipo, han demorado la institución de medidas efectivas de control.