Frecuencia: entre nosotros 20 a 25% de los niños
portan giardias pero por fortuna gran número de ellos son
asintomátcos.
Agente etiológico: Giardia lamblia.
Ciclo de vida: cada quiste ingerido se rompe en el
duodeno y yeyuno y da origen a cuatro trofozoítos que se
adhieren e inflaman la mucosa por medio de ventosas. Si la
parasitosis, además, es muy intensa, se presenta un
mecanismo mecánico de barrera que a la larga podría
producir un síndrome de malabsorción.
Clínica: de acuerdo a la intensidad y tiempo de la
parasitación se pueden observar diferentes cuadros
clínicos:
a. Duodenitis aguda, de comienzo muy súbito, con dolor
abdominal peri o supraumbilical que a veces se irradia a
hipocondrio derecho, acompañada de vómito pertinaz. Puede
o no existir un cuadro diarreico concomitante.
b. Cuadro diarreico agudo y súbito, con expulsión de heces
líquidas fétidas, espumosas, algo lientéricas y con algún
dolor abdominal no tan dramático como en la forma
anterior.
c. Con el uso y abuso de las drogas imidazó-licas ya no
son tan frecuentes como antes los cuadros de giardiasis
crónica que presentaban diarreas pastosas, lientéricas o
con esteatorrea, con gran flatulencia, que no
deshidrataban pero sí comprometían seriamente el estado
nutricional y general de los niños.
Recordar que la giardiasis se puede asociar a una
deficiencia de IgA secretora.
Diagnóstico: hallazgo de quistes y trofozoítos en
heces o jugo duodenal. Tener en cuenta que su excreción es
muy irregular. En centros muy especializados la prueba de
ELISA da una sensibilidad cercana al 100%.
Tratamiento: son excelentes las drogas imidazó-licas
usadas en la amebiasis con la variante de que el
metronidazol es efectivo en dosis de 15 a 30 mg/ kg/día
por cinco días y el tinidazol (60 mg/kg/día) se administra
sólo por dos días.
Una droga alternativa es la furazolidona pero tiene
frecuentes efectos secundarios. Recientemente se menciona
buena respuesta con el albendazol (400 mg/día por tres
días).