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Se aplica este término a las infecciones
hepáticas causadas por los virus hepatotropos que comparten la
característica común de tener una afinidad especial por la célula
hepática (virus A, B, C, Delta, E, G y otros aún no identificados). El
término excluye por lo tanto a otros virus (citomegalovirus, Epstein-Barr,
herpes simplex, etc.) que ocasionalmente son capaces de lesionar el
hígado en forma similar.
CUADRO CLINICO
Las manifestaciones clínicas, en aquellos pacientes que son
sintomáticos, son muy similares para los diferentes tipos de virus, por
lo cual, para establecer la etiología, es necesario recurrir al estudio
de marcadores inmunológicos de la infección. Existen distintas formas de
presentación:
- Hepatitis anictérica: Es aquella forma de hepatitis
que cursa sin ictericia, aunque se pueda presentar con síntomas
inespecíficos similares a los de la forma ictérica, al igual que con
elevación de las transaminasas. Su pronóstico es similar a las formas
ictéricas.
- Hepatitis ictérica: Es menos frecuente que la forma
anictérica pero es la presentación mas clásica. En ella es posible
distinguir tres períodos: período sintomático prodrómico o preictérico;
período ictérico (que con frecuencia coincide con la atenuación de los
síntomas) y período de convalescencia, con remisión clínica.
Período preictérico: Éste tiene una duración variable, desde
algunos días hasta algunas semanas (la duración de 4 a 5 días es la más
habitual) y se caracteriza por la presencia de compromiso del estado
general, astenia, síntomas gastrointestinales como anorexia, náuseas,
dolor abdominal (epigástrico y de hipocondrio derecho), o síntomas
respiratorios, como coriza, odinofagia y tos, y a veces fiebre o
diarrea. Ocasionalmente hay artralgias, erupción cutánea y otras
manifestaciones, en los casos de hepatitis B. Durante ese período, el
examen físico revela sólo un dolor a la percusión del área hepática. Al
final del período prodrómico aparece coluria (y a veces hipocolia), que
precede en dos o tres días a la aparición de ictericia.
Período ictérico: La aparición de la ictericia coincide
habitualmente con la atenuación de los síntomas generales (en los casos
severos, sin embargo, persisten los síntomas del período preictérico).
Aparece ictericia de escleras, piel y mucosas; hepatomegalia dolorosa y
en un 10 a 15% de los casos se puede palpar una esplenomegalia. En la
forma clásica benigna, la ictericia dura entre 10 y 20 días. La
intensidad de la ictericia no coincide necesariamente con la severidad
de la afección. A las alteraciones descritas pueden agregarse en forma
ocasional, manifestaciones extrahepáticas causadas por complejos inmunes
(glomerulopatías, alteraciones hematológicas, articulares, etc.), en
casos de hepatitis B.
En algunos pacientes, la hepatitis aguda adopta una forma "bimodal", en
que, luego de una mejoría clínica y una normalización de las
transaminasas, se produce un repunte de las manifestaciones propias de
la enfermedad y una elevación de las transaminasas. El pronóstico de
esta forma bimodal no difiere de la forma convencional de la hepatitis.
- Hepatitis colestásica: Se presenta como un franco
síndrome colestásico, prolongado, con prurito que puede ser muy intenso,
ictericia marcada, coluria y acolia de varias semanas o meses de
duración. Aparte de la elevación de las transaminasas, hay elevación de
las fosfatasas alcalinas y del colesterol, e hipoprotrombinemia que
puede corregirse con vitamina K. Esta última alteración se debe a mala
absorción de esta vitamina, debido a la colestasia. Cabe hacer notar que
en la hepatitis habitual puede observarse un componente colestásico de
menor intensidad que es transitorio, de no más de una semana de
duración.
- Hepatitis fulminante: (Insuficiencia hepática aguda
grave).
Concepto: Se entiende por insuficiencia hepática aguda grave, (o
hepatitis fulminante), la presencia de una disfunción hepática severa,
acompañada de encefalopatía, que aparece en una enfermedad del hígado
con menos de 8 semanas de evolución, y que se instala en un hígado
previamente sano.
En niños chilenos, la causa más frecuente de esta complicación es la
hepatitis aguda por virus A. También pueden producirla: otros virus no
hepatotropos: herpes, Epstein Barr, citomegalovirus, reovirus,
adenovirus, coxsackie; ciertos fármacos, como halotano, paracetamol,
isoniazida; tóxicos, como Amanita phalloides, disolventes clorados,
fósforo blanco, y factores misceláneos, como hepatitis autoinmune y
enfermedad de Wilson.
En un estudio publicado en Chile en el año 1987 por Zacarías y cols., en
28 pacientes con insuficiencia hepática aguda grave se demostró la
etiología por virus A en 20, y por virus B en 4 pacientes. En los 4
restantes, la etiología fue presumiblemente viral.
La encefalopatía hepática es la manifestación clínica más importante.
Constituye un requisito para el diagnóstico y un elemento fundamental de
considerar en el pronóstico. Consiste en la presencia de fenómenos
neuropsíquicos que van desde cambios leves de la personalidad, hasta el
coma profundo. La encefalopatía está precedida habitualmente por
síntomas y signos de hepatitis severa, tales como: ictericia intensa con
hiperbilirrubinemia, habitualmente superior a 20 mg/dl., decaimiento,
anorexia, fiebre y vómitos en el período ictérico, además de disminución
del tamaño del hígado que coincide con un aumento de la ictericia. Los
exámenes de laboratorio muestran un hemograma con leucocitosis y
trombocitopenia, y la protrombinemia es generalmente inferior a 40%.
La encefalopatía puede presentarse en forma precoz, cuando la ictericia
va en aumento, o bien tardíamente, coincidiendo con la regresión del
cuadro ictérico. El daño hepatocelular provoca una alteración del
metabolismo y de la excreción de la bilirrubina; disminuye la síntesis
de factores de coagulación ( Factores I, II, V, VII , IX y X ), y de
glucosa así como la captación de lactato, a lo que se suma el aumento de
su producción, por la presencia en estos pacientes de una glicolisis
anaeróbica. Esta alteraciones se manifiestan clínicamente por ictericia
(habitualmente intensa), coagulopatía, hipoglicemia y acidosis
metabólica. A la alteración de la síntesis de factores de coagulación,
se agrega en los pacientes más graves, una coagulación intravascular
diseminada que empeora el cuadro clínico, produciéndose hemorragias de
difícil manejo. En la mayoría de los casos la hemorragia se origina en
el tracto gastrointestinal.
Las infecciones son frecuentes y constituyen una causa mayor de muerte
en estos pacientes. Las más frecuentes son broncopulmonares, urinarias o
septicémicas. La necrosis hepática masiva produce una alteración en la
metabolización de sustancias vasoactivas, y una liberación a la
circulación sistémica de algunos metabolitos tóxicos. Esto provoca
trastornos microcirculatorios y daño endotelial, que pueden desencadenar
una falla multiorgánica. Ésta se manifiesta clínicamente por
vasodilatación periférica (que provoca hipotensión), edema pulmonar,
necrosis tubular aguda y coagulación intravascular diseminada.
El edema cerebral es una de las complicaciones más graves y su presencia
condiciona el pronóstico. Está presente en aproximadamente el 50% de los
niños con insuficiencia hepática aguda grave. La progresión del edema
altera la perfusión cerebral, lo cual puede llevar a un daño neurológico
irreversible. El edema cerebral puede producir la muerte por
enclavamiento del tronco cerebral. No se conoce con certeza la patogenia
del edema; existe por un lado una alteración de la barrera
hematoencefálica, con aumento de la permeabilidad al agua y
electrolitos, y un factor citotóxico, que provoca edema intracelular.
Tratamiento: la insuficiencia hepática aguda grave aún no tiene
tratamiento específico. Dada su gravedad y la complejidad de las medidas
terapéuticas que deben implementarse, estos pacientes deben ser
hospitalizados en una Unidad de cuidados intensivos. Los objetivos
fundamentales de las medidas generales son: mantener la homeostasis, las
funciones orgánicas, y evitar las complicaciones, mientras el hígado se
regenera.
Las medidas generales más importantes se basan la vigilancia estrecha de
las funciones vitales y de aparición de posibles complicaciones. En
casos de encefalopatía grado II-III, debe intubarse al paciente para
regular la oxemia y mantenerse presiones de perfusión adecuadas, para
prevenir el daño renal. La administración de solución glucosada
intravenosa es necesaria para mantener glicemias normales. Además, deben
evitarse los factores precipitantes de encefalopatía, tales como la
hipokalemia, hemorragia digestiva, hipovolemia, benzodiazepinas,
constipación e infecciones. Se ha postulado el uso de diferentes
tratamientos, como los corticoides, y las medidas de soporte artificial
del hígado, (exsanguíneo-transfusión, hemo- y peritoneo diálisis, etc.)
y otras medidas similares, que finalmente han demostrado ser inútiles.
En los últimos años, la sustitución del órgano mediante transplante
hepático, ha demostrado ser una técnica altamente eficaz, que mejora la
sobrevida de estos pacientes. En diferentes centros quirúrgicos, el
transplante hepático, ha permitido lograr en estos pacientes una
sobrevida promedio del 70%.
La encefalopatía hepática se trata mediante: supresión de las proteínas
por vía oral, reducción del amonio y otros metabolitos de origen
intestinal, lavado intestinal inicial, uso de antibióticos y
antisépticos intestinales (neomicina, metronidazol, ampicilina) y de
lactulosa: 30 ml cada 6 horas (para conseguir 2-4 deposiciones blandas
al día). El edema cerebral se maneja con: restricción de líquidos (60-80
cc/Kg/día), hiperventilación (PaCO2 : 25-30 mmHg ), medición de presión
intracraneana. Por lo general estos pacientes requieren de intubación
precoz (en encefalopatía III) para prevenir la aspiración del contenido
gástrico y de ventilación asistida, para regular oxemia y tratar el
edema cerebral.
Es importante el uso cuidadoso de procedimientos invasores y la búsqueda
de focos infecciosos para evitar las infecciones. Es importante no usar
antibióticos profilácticos. Se debe recurrir al uso de antibióticos
específicos, si hay infección.
Pronóstico: En general, puede decirse que este síndrome tiene muy mal
pronóstico. La mortalidad de los pacientes con una encefalopatía grado
II-III varía entre el 50-60% y esta cifra se eleva al 80% en los
pacientes con encefalopatía grado IV. Sólo el transplante hepático, ha
mejorado estas cifras, aumentando la sobrevida en este grupo de
pacientes a cifras promedio del 70%, en algunos centros quirúrgicos en
Europa y en Estados Unidos. En nuestro país, sólo existe una experiencia
limitada inicial en transplante hepático en niños con insuficiencia
hepática aguda grave.
ALTERACIONES DE LABORATORIO
La alteración de laboratorio más característica de la hepatitis
viral es la elevación de las transaminasas, especialmente de la pirúvica,
cuyo valor puede alcanzar desde 10 hasta 100 veces el máximo normal. La
elevación de esta enzima traduce necrosis hepatocelular y su
determinación constituye la prueba de laboratorio más empleada, tanto en
el diagnóstico como en el seguimiento de la hepatitis viral. La cifra de
transaminasas no tiene valor pronóstico. Su elevación se inicia en el
período prodrómico, llega a su máximo en el momento de aparición de la
ictericia, y su descenso es lento y progresivo.
La hiperbilirrubinemia es de grado variable, con elevación de ambas
fracciones pero con predominio de la fracción no conjugada o indirecta.
Es intensa y prolongada en las formas colestásicas. En las formas no
colestásicas, niveles sobre 20 mg/dl son de mal pronóstico. Las
fosfatasas alcalinas están normales o levemente elevadas, salvo en las
formas colestásicas. Hay que recordar que en el niño las fosfatasas
alcalinas normalmente son más elevadas que en el adulto, debido a la
actividad ósea.
La protrombinemia, por su vida media de 24 horas, constituye un buen
índice funcional. En caso de daño hepático agudo, un valor bajo 40% que
no se corrige con vitamina K, sugiere una insuficiencia hepática severa.
HEPATITIS A
Epidemiología : Es, con mucho, la forma más frecuente de
hepatitis en el niño en Chile. Su período de incubación es de 2 a 6
semanas. La eliminación del virus por las deposiciones se produce al
final del período de incubación, y cuando aparece la ictericia, ya se ha
producido el mayor riesgo de contaminación. El contagio es por vía
fecal-oral; rara vez por vía parenteral.
Cuadro clínico : A menudo causa una infección asintomática o
una enfermedad de intensidad leve que simula al comienzo una
gastroenteritis o una enfermedad respiratoria alta; se resuelve
habitualmente en forma espontánea sin dejar secuelas. La mortalidad es
del 0.1 al 0.2% y es debida a las formas fulminantes.
Diagnóstico : Se confirma por la detección de anticuerpos anti-
HAV de la clase IgM, los que se encuentran en el plasma desde el
comienzo de la fase aguda de la enfermedad y se pueden detectar hasta
los 3-4 meses de iniciada la hepatitis. Los anticuerpos anti-HAV de la
clase IgG se detectan a continuación de la fase aguda y persisten por
años y a menudo en forma indefinida, proporcionando inmunidad ante la
reinfección.
Tratamiento : No existe una terapia específica para esta
afección.
Prevención : Durante la fase clínica de la enfermedad, el
paciente con hepatitis A elimina virus por las deposiciones por
alrededor de siete días. Durante este período deben aplicarse
precauciones entéricas. La inmunoprofilaxis pasiva con gamaglobulina
previene o atenúa la hepatitis, cuando se administra antes de la
exposición al virus o en el inicio del período de incubación (no es útil
después de 2 semanas del contacto). Se administra en dosis de 0.02 ml
por Kg de peso. Las indicaciones para inmunoprofilaxis se resumen en la
tabla 1. Una vacuna recientemente desarrollada se encuentra en activa
fase de evaluación.
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Tabla 1: Inmunoprofilaxis de Hepatitis A en Pediatría
1. Todos los niños y adolescentes que sean contactos domésticos o
sexuales de individuos infectados con hepatitis A.
2. Todos los compañeros de curso de colegio cuando ha sido documentado
más de un caso de hepatitis A.
3. Todos los niños de jardines infantiles y salas-cuna cuando ha sido
documentado un caso de hepatitis A.
4. Niños y adolescentes que viajan a zonas endémicas.
5. Niños y adolescentes inoculados con una agujas contaminada o aquéllos
con lesiones de piel abiertas que estuvieron en contacto con cualquier
fluído de una persona con hepatitis A activa.
6. Recién nacidos de madres con hepatitis A activa si la madre esta aún
ictérica al momento del parto.
HEPATITIS B
Epidemiología : En Chile ha sido descrita en forma ocasional en
niños
El período de incubación es de 2 a 6
meses. Las vías principales de contagio son la parenteral, sexual y la
vertical (transplacentaria, perinatal y postnatal).
Cuadro clínico : En la gran mayoría de los casos (90%), la
hepatitis B cura espontáneamente, sin secuelas. La mortalidad es cercana
al 1%. Dependiendo de la edad, alrededor de un 5-10% de los pacientes
con hepatitis aguda B se transforman en portadores crónicos, y
constituyen el reservorio de la infección. Sin embargo, de los recién
nacidos hijos de madres infectadas, alrededor del 90% se transforman en
portadores crónicos. Los portadores crónicos pueden presentarse como
asintomáticos con transaminasas normales (con histología hepática normal
o con alteraciones mínimas), o como sintomáticos con transaminasas
elevadas (con alteraciones histológicas compatibles con hepatitis
crónica). Independientemente de los síntomas, las personas con infección
crónica están en riesgo de desarrollar hépatocarcinoma, y por lo tanto
debe hacerse un seguimiento estricto de estos pacientes.
Diagnóstico : El diagnóstico de infección aguda se hace
fundamentalmente por la demostración en el plasma de la presencia del
antígeno de superficie del virus B (HBsAg) y de anticuerpos anticore de
la clase IgM (anti-HBc). El HBsAg se hace positivo a las 2-8 semanas de
iniciada la infección, persistiendo en el plasma por un período
aproximado de 4 meses. Los anticuerpos anti-HBc de clase IgM se detectan
también sólo por algunos meses, apareciendo a continuación, los
anticuerpos de clase IgG. El antígeno e y el DNA viral sérico se
detectan sólo por un corto período de tiempo y constituyen indicadores
de contagiosidad, pues reflejan la replicación viral. Las pruebas
diagnósticas disponibles comercialmente se resumen en la tabla 2.
Tabla 2: Pruebas Diagnósticas para Hepatitis B
Antígeno
- HBsAg o Antígeno de superficie:
Detecta personas infectadas aguda o crónicamente
- HBeAg o Antígeno de replicación:
Detecta personas infectadas con alto riesgo de trasmitir el virus
Anticuerpo
- Anti-HBs o Anticuerpo anti-HBsAg:
Detecta personas que han tenido infecciones por HBV o aquellas con
inmunidad adquirida con vacuna
- Anti-HBe o Anticuerpo anti-HBeAg:
Detecta portadores (HBsAg) con bajo riesgo de contagiosidad
- Anti-HBc o Anticuerpo anti-core:
Detecta personas con infección aguda o pasada
Tratamiento : La hepatitis B
aguda no tiene tratamiento específico. El interferon-a ha sido usado en
forma exitosa en subgrupos específicos de niños con infección crónica.
Prevención : La profilaxis pasiva se hace con inmunoglobulina
sérica específica o hiperinmune, en dosis de 0.02 ml por Kg de peso; en
recién nacidos se usa 0.5 ml. Se indica en personas con exposición
parenteral accidental [pinchazo con aguja con sangre HBsAg (+)] y en
recién nacidos de madres HBsAg (+), en las primeras horas post infección
o post parto. Cuando se utiliza la inmunoglobulina específica junto con
la vacuna (inmunoprofilaxis pasiva-activa), se obtiene una inmunidad
inmediata y permanente. Este esquema de prevención se utiliza
habitualmente en los recién nacidos de madres HBsAg (+). La tabla 3
resume las indicaciones de inmunoprofilaxis después de la exposición al
HBV.
Tabla 3: Inmunoprofilaxis en
Hepatitis B
Tipo de Exposición y su correspondiente
Inmunoprofilaxis
- Perinatal : HBIG + vacuna
- Sexual/infección aguda : HBIG + vacuna
- Sexual/infección crónica : vacuna
- Contacto doméstico/ infección crónica : vacuna
- Contacto doméstico/infección aguda con exposición a sangre : HBIG +
vacuna
- Lactante/infección aguda en la persona que esta a cargo del niño :
HBIG + vacuna
- Exposición percutánea accidental : HBIG + vacuna
Las vacunas disponibles para la
inmunización activa (Recombivax HB y Engerix B) se usan en tres dosis,
repitiéndose la dosis inicial al mes y a los 6 meses (0.5 ml en el
recién nacido y 1 ml en el niño mayor). La vacunación en Pediatría se
indica principalmente en individuos expuestos en forma continuada al
virus, como son los homosexuales masculinos y drogadictos; también, como
se ha señalado, los recién nacidos de madres HBsAg (+). En ellos, se
recomienda la administración simultánea de la vacuna con la
inmunoglobulina específica. La tabla 4 resume las indicaciones de
vacunación aún cuando se ha sugerido vacunación universal a todos los
recién nacidos y adolescentes en países con alta incidencia.
Tabla 4: Indicaciones en Pediatría de
Vacunación en Hepatitis B
1 Todos los recién nacidos hijos de madres HBsAg+.
2 Lactantes y niños institucionalizados.
3 Adolescentes homosexuales sexualmente activos o heterosexuales con
multiples parejas.
4 Usuarios de drogas endovenosas.
5 Niños en hemodiálisis.
6 Niños con problemas de la coagulación que reciben derivados
sanguíneos.
7 Niños y adolescentes en contacto doméstico con portadores crónicos de
la infección.
8 Niños y adolescentes que viajan a areas de alta endemicidad.
HEPATITIS C
Epidemiología : El virus C (HCV) es el responsable de la
mayoría de las hepatitis post transfusionales; (otras modalidades de
transmisión, incluyendo la vertical, son menos probable, pero se
encuentran en intensa evaluación). Los grupos de mayor riesgo son los
pacientes hemofílicos, drogadictos endovenosos y hemodializados. La
hepatitis C ha disminuído con la determinación rutinaria del anticuerpo
anti-HCV en los bancos de sangre. La transmisión madre-hijo es baja (el
recién nacido puede contagiarse en casos de que su madre tenga una
hepatitis C aguda en el tercer trimestre de embarazo). Se han descrito
varios genotipos del VHC y la utilidad de la clasificación de los
genotipos radicaría en la variación del grado de infectividad,
patogenicidad y grado de respuesta al interferón.
Cuadro clínico : La mayor importancia de la hepatitis C, radica
en que en un alto porcentaje de estos pacientes se produce una infección
crónica; (esto ocurre en cerca del 50-60% de las hepatitis post
transfusionales por virus C). Aproximadamente en la mitad de los
pacientes que presentan una infección crónica por virus C, se desarrolla
lentamente una cirrosis, la que puede asociarse en algunas ocasiones a
la aparición de un hepatocarcinoma. Otra característica descrita con
frecuencia en la evolución de estos pacientes, es la gran fluctuación en
el nivel sérico de transaminasas, las que puede variar hasta en 10 veces
con respecto al valor anterior, en períodos de pocos días. Sin embargo,
la enfermedad es mas frecuentemente reconocida en adultos; los casos
informados son infrecuentes en niños menores de 15 años.
Diagnóstico : Se hace mediante la detección de anticuerpos anti-HCV
por técnicas de inmunoensayo enzimático (ELISA y RIBA). Los casos
positivos se confirman con el uso del método de reacción de polimerasa
en cadena, en suero.
Tratamiento : Dada la alta cronicidad de la infección por virus
C, algunos autores han propuesto tratar la hepatitis C durante la etapa
aguda con interferón, para tratar de disminuír la tasa de cronicidad,
pero aún no hay consenso al respecto.
Prevención : No hay estudios controlados sobre la utilidad de
la inmunización pasiva, ni tampoco existe una vacuna disponible.
HEPATITIS POR VIRUS DELTA
Epidemiología : Este virus requiere del virus B para su
replicación. La viremia aparece aproximadamente al mes de producida la
infección. Se puede encontrar en drogadictos y en politransfundidos.
Cuadro clínico : Al sobreinfectarse una persona con infección
aguda o crónica con HBV, tiende a agravarse el cuadro clínico de base,
pudiendo desencadenarse una hepatitis fulminante, o progresar a una
hepatitis crónica.
Diagnóstico : Se puede demostrar la presencia del antígeno
(Antígeno HDV), de anticuerpos específicos de clase IgM y del RNA viral
en suero (HDV-RNA), este último mediante el método de Reacción de
polimerasa en cadena.
Tratamiento : No hay tratamiento específico para la hepatitis
por virus Delta.
Prevención : No existe una inmunización pasiva efectiva
demostrada para este virus ni tampoco una vacuna.
HEPATITIS E
Epidemiología : El virus E es el principal agente etiológico de
las hepatitis no-A de transmisión entérica. Puede producir hepatitis
esporádica, o brotes epidémicos. El contagio es por vía oro-fecal. El
período de incubación varía entre 14 y 60 días. La seroprevalencia
obtenida en Chile, recientemente en diversos estudios, varía entre 2,5 y
17,5%.
Cuadro clínico : Es similar al cuadro clínico de la hepatitis
A. No se han descrito casos crónicos. La mortalidad es de
aproximadamente 3% en pacientes ictéricos. Esta cifra se eleva a un 20%
en mujeres embarazadas.
Diagnóstico : Se efectúa mediante la detección de anticuerpos
anti HEV (ELISA), y la detección del RNA viral (HEV-RNA) en suero y
deposiciones por Reacción de polimerasa en cadena.
Tratamiento : No hay tratamiento específico para la hepatitis
E.
Prevención : No existe inmunización pasiva útil ni vacuna para
la hepatitis E.
HEPATITIS G
Es producida por el virus G y ha sido recientemente descrita. Puede
coexistir con la hepatitis B o C. Se transmitiría fundamentalmente por
vía parenteral. El cuadro clínico se caracterizaría por ser poco
sintomático, aunque la infección tendría tendencia a la cronicidad. Aún
no se conoce su tratamiento ni las posibilidades de prevención.
CONDUCTA SUGERIDA FRENTE A UN PACIENTE
PEDIATRICO CON CUADRO CLINICO SUGERENTE DE HEPATITIS
Ante un paciente que presenta síntomas
generales, que sugieren el diagnóstico de hepatitis aguda, pero en los
cuales el examen físico no es concluyente (por ausencia de ictericia o
de hepatomegalia), el diagnóstico debe fundamentarse por la elevación de
algunas enzimas hepáticas, siendo las más usadas las transaminasas:
pirúvica y oxaloacética. La elevación se produce frente a alteraciones
hepatocelulares mínimas y ocurre muy precozmente, antes de la aparición
de la ictericia. Es importante tener en cuenta que en la edad
pediátrica, el nivel sérico de las fosfatasas alcalinas es superior al
del adulto. Habitualmente los laboratorios bioquímicos dan como
referencia normal los valores del adulto y la aplican tácitamente a los
niños, lo que puede confundir a la persona no experimentada. Por ello,
es importante no tender a hacer el diagnóstico de hepatitis aguda ante
la sola elevación de las fosfatasas alcalinas, sin elevación
concomitante de las transaminasas.
Frente a un paciente con un cuadro de hepatitis viral que no merece
dudas, con un período prodrómico característico, seguido de coluria,
ictericia y hepatomegalia, las transaminasas van a confirmar la
presencia de daño hépatocelular. Simultáneamente suele estar disminuído
el tiempo de protrombina y elevado el nivel sérico de bilirrubina,
principalmente el componente indirecto. En Chile, la mayoría de las
hepatitis agudas (más del 80%), en niños, son producidas por el virus A.
Por ello, la determinación de anticuerpos plasmáticos anti-A, de la
clase IgM (IgM anti-HAV) suele ser suficiente para confirmar el origen
etiológico de la infección. La presencia de este anticuerpo indica
infección reciente. La importancia de conocer el agente etiológico tiene
implicaciones en el pronóstico de la hepatitis - no se ha demostrado que
el virus A produzca daño hepático crónico - y en la documentación de un
eventual cuadro de hepatitis, producido por otro agente en el futuro.
El tratamiento de la hepatitis aguda es sintomático. Dependiendo del
grado de astenia, el niño puede permanecer en reposo relativo, durante
el tiempo en que se mantengan los síntomas propios de la enfermedad. La
alimentación debe ser la habitual, con proporción normal de proteínas,
grasas e hidratos de carbono, regulándose el aporte de acuerdo a la
tolerancia del enfermo.
Junto a las indicaciones de reposo y alimentación, es necesario instruír
al paciente y a su familia sobre aquellas manifestaciones que sugieren
un mal pronóstico, como: decaimiento acentuado, fiebre, anorexia,
vómitos, sangramiento fácil de piel o mucosas, o compromiso de
conciencia durante el período ictérico. Ante la presencia de cualquiera
de estos síntomas, se debe consultar de inmediato al médico, pues ellos
pueden sugerir una evolución mas grave como hepatitis fulminante y
eventualmente un coma hepático.
Los exámenes más útiles para confirmar o descartar la presencia de una
hepatitis grave son: la protrombinemia - que nos informa sobre el grado
de compromiso de la función hepática - y la amonemia, que cuando está
elevada, nos alerta ante la aparición de encefalopatía. Se debe tener
presente que la hepatitis fulminante se presenta en la mayoría de los
casos en las primeras tres semanas de la evolución de la hepatitis.
Durante la evolución de la enfermedad, el paciente debe ser evaluado
semanalmente desde el punto de vista clínico. El alta debe indicarse
cuando el niño esté asintomático. Esto ocurre habitualmente al mes de
enfermedad, siempre que el examen físico haya vuelto a la normalidad y
la pruebas de laboratorio (transaminasas y bilirrubina) sean normales.
En ciertos casos las transaminasas demoran algún tiempo en volver a la
normalidad. Si aún no se han normalizado, pero están en clara etapa
descendente, el paciente puede reanudar su actividad normal. No se ha
demostrado que un reposo prolongado acelere la recuperación de la
hepatitis aguda o la normalización de los niveles de transaminasas.
Tampoco se ha demostrado que la reanudación precoz de la actividad
normal desencadene complicaciones o prolongación de la enfermedad.
REFERENCIAS:
- Krugman S: Viral Hepatitis. Pediatr in Rev. 1992; 13: 203-12
- Ramos-Soriano A, Schwarz K. Recent advances in the hepatitides.
Gastroenterol Clin North Am 1994; 23: 753-67
- Raymond S. y Koff MD: Viral hepatitis. En: Walker WA, Durie P,
Hamilton JR, Walker-Smith J, Watkins J. eds.: "Pediatric
Gastrointestinal Disease: Pathophysiology, diagnosis, management". 2
Edición. BC Decker, Inc. Philadelphia. 1991: p. 857.
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