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INTRODUCCION Y DEFINICIONES
Pocos tópicos en pediatría han sido y siguen siendo objeto de tanta
controversia en las últimas décadas como el reflujo gastroesofágico (RGE).
El gran caudal de información sobre el tema, aparecido en los pasados
años, ha contribuído a aclarar una variedad de aspectos, pero también ha
provocado algunas confusiones conceptuales y prácticas y ha traído
consigo una verdadera explosión en el área de la evaluación del RGE
mediante procedimientos técnicos.
EL RGE es uno de los eventos del aparato digestivo más comunes en niños.
Se define como el ascenso de contenido gástrico hacia el esófago
torácico. No es un fenómeno "todo o nada"; por lo tanto su existencia no
implica necesariamente presencia de enfermedad, ya que está presente en
todos los individuos normales, particularmente en el período
postprandial. En el otro extremo, el RGE puede dar origen a patología
sustancial, que se presenta con una amplia variedad de manifestaciones
clínicas. Los niños con RGE patológico manifiestan, en general, una
mayor frecuencia de sus episodios de reflujo, comparados con sujetos
controles. Estos episodios son particularmente notables durante los
períodos de ayuno (pudiendo incluír el sueño), lo que contribuye a
distinguir en forma más distinitiva lo patológico de lo fisiológico.
En los lactantes, la regurgitación - definida como el ascenso fácil de
pequeños volúmenes del contenido gástrico a la boca - es un signo
generalmente inocente, secundario al RGE. Ocurre particularmente después
de la alimentación láctea, y es más frecuente en la posición supina o al
incorporar al niño desde dicha posición. El fenómeno, muy frecuente a
esta edad, coincide con la apertura compensatoria del esfínter esofágico
inferior (EEI) para eructar el aire deglutido. El vómito, otra
manifestación frecuente del RGE, supone un mecanismo más complejo,
mediante el cual el contenido del estómago es expulsado forzadamente por
la boca, en virtud de contracciones de los músculos abdominales, las
cuales se producen simultáneamente con una elevación y apertura del
cardias y un cierre del píloro.
Dado que el RGE es una situación en la cual la diferencia entre lo
normal y lo patológico es fundamentalmente cuantitativa, es de primaria
importancia poseer el apropiado criterio como para separar los pacientes
que requieren estudios especiales, de los que no los requieren, en
primer lugar, y luego poder seleccionar cuidadosamente aquéllos que
ameritan tratamiento, así como la apropiada forma terapéutica a usar.
MECANISMOS DE REFLUJO GASTROESOFAGICO
Existen tres mecanismos básicos que pueden causar RGE en un individuo:
a) Relajación transitoria del esfínter esofágico inferior (EEI).
b) Aumento transitorio de la presión abdominal, que supera
momentáneamente la competencia del esfínter.
c) Hipotensión basal (permanente) del EEI.
El primero de los mecanismos citados parece ser relativamente frecuente
como causal del RGE en todos los grupos de edad, y tanto en esta
situación como en la segunda de las nombradas, debe tenerse en cuenta
que el tono predominante ("basal") del EEI está dentro de límites
normales. En los niños, los episodios transitorios de relajación del EEI
pueden ocurrir asociados a la deglución pero también se registran en
otros períodos, como por ejemplo cuando el estómago se encuentra
distendido por aire y/o líquido. En este sentido, la relajación
transitoria del EEI constituye un mecanismo adaptativo normal para
vaciar el aire del estómago, mediante el eructo. La relajación del EEI
es mediada al parecer por un mecanismo vagal (no colinérgico y no
adrenérgico). Recientemente se ha propuesto un rol del óxido nítrico en
dicho fenómeno.
La motilidad del esófago y su papel en el "barrido" del material
refluído es un aspecto importante en la fisiopatología del RGE. El
mecanismo de "barrido", dependiente de una adecuada actividad contráctil
del cuerpo esofágico, constituye una defensa natural del órgano y evita
los efectos acumulativos del reflujo ácido sobre la mucosa. En casos de
disfunción esofágica acentuada, como ocurre por ejemplo en pacientes que
han sido operados de atresia esofágica, es frecuente encontrar grados
significativos de RGE patológico y tendencia a desarrollar
complicaciones. La exposición prolongada al ácido, por parte de la
mucosa distal del esófago, expone al paciente a sufrir consecuencias
tales como esofagitis y estenosis.
En la maduración de los mecanismos antirreflujo parecen intervenir
diversos factores, y no solamente una adaptación en la presión del
esfínter esofágico inferior. El tono basal del EEI ya es perfectamente
detectable desde las primeras semanas de vida. Este hecho indicaría que
una presunta incompetencia basal del esfínter no es el factor
determinante de que el RGE tenga una alta prevalencia en la primera
infancia. Aparentemente, a esta edad el mecanismo fundamental de RGE es
la relajación esfinteriana inadecuada, con pérdida del tono en forma
transitoria pero repetida. Otra variable que puede ser relevante en la
adecuación de la función del esfínter, es la longitud de éste. En la
primera infancia la longitud del esfínter es escasa y va progresivamente
aumentando con la edad. Por último, la adecuación de la motilidad
esofágica y del vaciamiento gástrico son factores de significativa
influencia en la protección contra el RGE, cuya maduración es un terreno
aún bajo investigación.
CUADRO CLINICO (ver Tabla 1)
TABLA 1
REFLUJO GASTROESOFAGICO: SINTOMATOLOGIA Y
COMPLICACIONES
- VOMITO Y REGURGITACION
- Desnutrición
- Esofagitis
- Dolor precordial
- Hemorragia Digestiva
- Disfagia
- Estenosis Esofágica
- Asma Bronquial
- Tos Crónica
- Laringitis
- Neumonías por Aspiración
- Crisis de Apnea y Cianosis
- Síndrome de "muerte súbita abortada"
- Sindrome de Sandifer
Las manifestaciones clínicas del RGE son variadas y su impacto sobre el
paciente es muy diverso. Considerando que la regurgitación es un
fenómeno habitual en recién nacidos y lactantes normales, su presencia
sólo podría ser considerada patológica si se prolonga por varios meses,
a pesar de las medidas terapéuticas bien empleadas , y se producen
repercusiones en el estado nutricional del paciente. La historia natural
de la regurgitación y los vómitos secundarios a RGE es la disminución
gradual de estos síntomas a lo largo del primer año de vida, de tal
manera que en el segundo semestre de la vida, su frecuencia e intensidad
son sustancialmente menores que en el primer semestre.
Esofagitis : La esofagitis es infrecuente como complicación del
RGE en el lactante regurgitador habitual. Hay varias razones para ello.
Una, es que la peristalsis esofágica aclara prontamente el contenido
gástrico refluído hacia el esófago. Otra, es que los episodios de RGE en
lactantes se producen generalmente luego de la ingestión de fórmulas
lácteas, las que parcialmente neutralizan la acidez gástrica. En tercer
lugar, la deglución continua de saliva coopera igualmente a la
neutralización del ácido. Por último, la mucosa esofágica es altamente
resistente a diversos agentes potencialmente dañinos. La falla de uno o
más de los mecanismos descritos constituye, por lo tanto, un factor de
riesgo para la esofagitis.
Por lo ya dicho, el grado de esofagitis en un paciente se correlaciona
principal pero no exclusivamente con la exposición de la mucosa
esofágica al ácido. La acción continuada del ácido es capaz de producir
un grado significativo de inflamación de la mucosa distal. En este caso
puede haber pérdida de sangre, que puede ir desde lo microscópico a lo
visible. Una consecuencia directa de la pérdida crónica de sangre es la
anemia ferropriva, que debe ser investigada en forma dirigida en
pacientes con sospecha de esofagitis. El niño pequeño es incapaz de
manifestar directamente la sensación de pirosis, pero ante este síntoma,
generalmente se expresará con llanto persistente, irritabilidad y
rechazo de la alimentación. El niño mayor será más explícito en la
comunicación de sus molestias y, si la evolución de la enfermedad es
larga y/o la intensidad de la esofagitis, severa, con frecuencia
relatará además la presencia de dolor precordial, pirosis y disfagia. La
disfagia obedece a la existencia de una estrechez en el lumen del
esófago, motivada por edema de la pared y por estenosis cicatricial,
generalmente del tercio distal del órgano. Junto con la disfagia, es
posible encontrar regurgitación salival y vómitos postprandiales
precoces, además de mal incremento ponderal. Actualmente es
relativamente raro observar este tipo de complicación, probablemente por
un diagnóstico y tratamiento más precoces en los grupos de pacientes
proclives a desarrollarla, como son por ejemplo aquéllos con patología
neurológica grave, hernias diafragmáticas o anomalías severas de la
motilidad esofágica.
Desnutrición: Su origen esta en la pérdida de nutrientes
producida por vómitos y regurgitaciones copiosos y frecuentes. En los
pacientes que presentan complicaciones como esofagitis y estenosis, la
inapetencia y el temor al dolor provocado por la ingestión de alimentos,
son también factores contribuyentes. La desnutrición no es un hecho
frecuente en la población global de lactantes con RGE, excepto en
las series clínicas seleccionadas, compuestas por pacientes
hospitalizados o referidos al especialista, por sus complicaciones y
falta de respuesta a los tratamientos convencionales.
Cuadros respiratorios: La relación entre RGE y patología
respiratoria es compleja y puede adoptar diversas formas, y no debe
inferirse que necesariamente en el paciente individual que los presenta,
el RGE es responsable de sus problemas broncopulmonares. Las
manifestaciones respiratorias atribuídas al RGE son variadas, y pueden
existir en ausencia de sintomatología digestiva. Comprenden cuadros de
bronquitis a repetición, neumonías recurrentes por aspiración,
laringoespasmo, tos nocturna y cuadros asmatiformes. La evaluación del
paciente afectado por estos problemas debe ser cuidadosa, para evitar un
juicio erróneo sobre el papel patogénico del reflujo, y poder descartar,
por otra parte, patologías alternativas (ver Diagnóstico Diferencial).
En el caso del asma bronquial, puede existir también RGE como
consecuencia de la propia enfermedad o de la terapia medicamentosa
empleda. Así como hay autores que sostienen que el RGE es una importante
causa de asma en la edad pediátrica, otros han presentado evidencia por
la que dicha relación etiológica no ha podido ser claramente demostrada.
Cuando esta relación causa-efecto no puede ser demostrada con exactitud,
en el paciente individual, el criterio clínico del médico
experimentado pasa a ser la mejor prueba para dilucidar el
problema. Así, por ejemplo, la existencia de cuadros repetidos de
neumonía por aspiración en un paciente pediátrico con daño neurológico
es altamente sugerente de RGE (así como de aspiración primaria por
disfunción de la deglución). Por otra parte, si en un lactante con
historia familiar de asma bronquial y otras condiciones alérgicas,
ocurren episodios recurrentes de bronquitis obstructiva, es muy probable
que no sea el RGE el factor etiopatogénico que determine la
hiperreactividad bronquial.
Apnea y síndrome de muerte súbita "abortada" : Este tema sigue
siendo sido objeto de permanente controversia e investigación. Entre las
múltiples causas que pueden determinar la aparición de estas graves
complicaciones, se encuentran variadas anormalidades
cardiorrespiratorias y neurofisiológicas. Tal como en el caso de la
patología broncopulmonar recurrente, puede ser sumamente difícil en un
paciente dado precisar la relación temporal entre RGE y la crisis
asfíctica. Dada la alta frecuencia de diagnóstico radiológico de RGE en
lactantes, la presencia de éste es insuficiente para substanciar la
causa de la apnea. En general, es difícil poder establecer con precisión
la real frecuencia del RGE como factor precipitante o coadyuvante en las
crisis apneicas, pero la realización de una polisomnografía,
simultáneamente con la medición del pH esofágico puede contribuír a
aclarar esta duda. Si los episodios de RGE claramente preceden al
registro inmediato de eventos relacionados con apnea, entonces puede
inferirse causalidad.
ENFERMEDADES ASOCIADAS:
En relación a ciertas enfermedades que provocan alteraciones en la
regulación neuromuscular, o en la anatomía muscular del esófago, es
posible encontrar RGE, que puede alcanzar grados significativos.
Ejemplos de estas condiciones son la parálisis cerebral y otras
consecuencias neurológicas de daño connatal, las miopatías y la
escoliosis severa, particularmente cuando en su tratamiento se recurre
al uso de corsés.
Como se comentó previamente, debido a las serias anormalidades de la
motilidad esofágica, que persisten luego de la corrección quirúrgica de
la atresia del esófago con fístula hacia la tráquea, es relativamente
frecuente encontrar RGE patológico en estos casos. Estos pacientes
presentan una definitiva tendencia a complicarse con bronquitis
recurrentes, e incluso con neumonías, a causa del daño provocado por el
ácido gástrico que pasó al aparato respiratorio a través de la fístula
tráqueoesofágica.
Es frecuente encontrar en la literatura pediátrica, previa a la década
del 70, el término hernia hiatal como sinónimo de RGE. En realidad, sólo
una minoría de los pacientes con RGE presentan hernia hiatal; ésta debe
considerarse como una condición asociada, más que como un requisito
obligado para la producción de RGE.
DIAGNOSTICO DIFERENCIAL
En numerosas enfermedades, el síntoma vómito recurrente es una de las
manifestaciones fundamentales. Una lista exhaustiva de tales patologías
está fuera de los objetivos de esta revisión, pero varias monografías
han analizado el tema en detalle (Tabla 2).
TABLA 2
CAUSAS DE VOMITO EN PACIENTES
PEDIATRICOS
Problemas del tubo digestivo, hígado y páncreas
- Errores de técnica alimentaria
- Reflujo gastroesofágico
- Rumiación
- Malformaciones y obstrucciones
- Hernia hiatal y sus complicaciones
- Estenosis hipertrófica del píloro
- Malrotación, vólvulo, duplicación,
divertículos, invaginaciones
- Enfermedad de Hirschprung
- Ileo meconial "equivalente"
- Enfermedad celíaca
- Alergias alimentarias
- Ulcera péptica, duodenitis.
- Hepatitis aguda
- Hepatopatías crónicas
- Pancreatitis
Enfermedades del tracto respiratorio
- Hiperplasia tonsilar y adenoidal
- Infecciones respiratorias altas y
bajas
- Aspiración de cuerpo extraño
- Bronquiectasias
- Sinusitis
Enfermedades del sistema nervioso
central y presión intracraneana aumentada
- Migraña
- Meningitis - Encefalitis
- Enfermedad vestibular
- Síndrome de Reye
- Tumores
- Hipertensión intracraneana
- Lesiones traumáticas
Enfermedades infecciosas de otros
sistemas
- Síndrome diarreico agudo
- Algorra - Candidiasis esofágica
- Infección del tracto urinario
- Apendicitis
Problemas psiquiátricos y de la
conducta
- Conductas desadaptativas y
manipuladoras
- Anorexia nerviosa y bulimia nerviosa
- Síndrome de "Munchaussen por
proyección"
Condiciones tóxicas y metabólicas
- Hiperplasia suprarrenal
- Fructosemia
- Tirosinemia
- Galactosemia
- Hipercalcemia
- Hiperamonemia
- Uremia
- Medicamentos ( ej.: digoxina,
opiáceos)
- Intoxicación por metales pesados
- Exceso de vitamina A
- Síndrome de "vómitos cíclicos"
El médico tratante debe tener presente
que el hallazgo radiológico de RGE en un determinado paciente no excluye
una patología diferente como causa primordial de los vómitos.
Condiciones tales como la estenosis hipertrófica del píloro, variadas
enfermedades metabólicas, malformaciones intestinales, cardiopatías
congénitas, y la enfermedad celíaca, deben ser consideradas y
descartadas a través de una apropiada historia clínica y de los exámenes
pertinentes. Asimismo, ciertos pacientes con patología respiratoria
primaria pueden tener RGE, sin que este represente un mecanismo
patogénico en la producción de los síntomas broncopulmonares. Ejemplos
relevantes de esta última situación son la fibrosis quística del
páncreas y ciertas inmunodeficiencias. Frente a pacientes que presenten
manifestaciones clínicas ya sea digestivas, como de tipo respiratorio
exclusivo, y en quienes el RGE no explique satisfactoriamente el cuadro,
se deben excluir racionalmente otras patologías primarias; en
caso contrario podría erróneamente retardarse el diagnóstico definitivo,
con claro perjuicio para el enfermo. Por otra parte, en situaciones como
las mencionadas, el empleo de terapia agresiva antirreflujo puede
significar una complicación adicional a la patología subyacente
presente.
DIAGNOSTICO
En la mayoría de los lactantes en que es clara la presencia de
regurgitaciones postprandiales no es necesario practicar ningún examen
de laboratorio para documentar lo que ya es claro a la simple
observación clínica. Ciertos exámenes de laboratorio pueden practicarse
con el objeto de responder a preguntas concretas.
Estudio Radiológico: Los objetivos del estudio radiológico
baritado de esófago, estómago y duodeno son los siguientes:
a) Comprobar la indemnidad anatómica macroscópica del tracto digestivo
superior y, en especial, de la unión gastroesofágica
b) Investigar las características del vaciamiento gástrico y de la
región píloro-duodenal
c) Estudiar la correcta posición anatómica del estómago, tanto en la
posición erecta como en el decúbito
d) Caracterizar el RGE de acuerdo a un protocolo de observación
El paciente sometido al examen debe estar en ayunas e ingerir la papilla
de bario. A continuación, se explora la deglución, la motilidad
esofágica y una posible presencia de hernia hiatal. Al pasar el bario al
estómago se puede estudiar el vaciamiento gástrico y la anatomía del
órgano siguiendo el trayecto del medio de contraste hacia el píloro y
posteriormente al duodeno. En ocasiones, en la posición erecta, es
posible encontrar en el lactante el estómago plegado sobre su eje
mesentérico-axial, particularmente cuando existe meteorismo del colon
transverso y laxitud de los mesos. Esta anomalía de carácter benigno y
transitorio, suele denominarse en la literatura tradicional "plicatura
gástrica" y es reversible al colocar al paciente en decúbito
ventrolateral derecho. En casos de plicatura gástrica, al radiólogo le
es posible observar las numerosas instancias de RGE que se producen al
distorsionarse temporalmente la relación espacial de los diversos
compartimientos anatómicos del estómago. Asimismo el observador está en
una situación ideal para comprobar el rápido cambio favorable que se
produce, al adoptar el niño la postura correctora mencionada.
Es importante, en el estudio radiológico baritado, no efectuar maniobras
que induzcan REG artificialmente, como la prueba de sifonaje de agua.
En la investigación del RGE se suele usar un intento de clasificación
que considera los siguientes puntos:
a) Número de episodios que ocurren durante un período determinado de
observación intermitente. La intermitencia de la observación puede hacer
pasar por alto los episodios muy breves de RGE, pero al mismo tiempo,
minimiza los riesgos de la irradiación y permite una apropiada visión de
los episodios más significativos del RGE.
b) Altura que alcanza el material refluido en el esófago (tercio
inferior, tercio medio, tercio superior). No se ha demostrado que la
altura del material refluído (en un examen tan artificial como es el
estudio radiológico con bario) se correlacione apropiadamente con la
presencia o no de RGE patológico ni constituya un factor pronóstico
relevante.
c) Tiempo que demora el esófago en liberarse del material refluído y
"barrerlo" de vuelta al estómago.
El uso del término " insuficiencia hiatal", como sinónimo de RGE
radiológico, no es aconsejable. El radiólogo puede objetivamente
informar del paso retrógado del medio de contraste desde el estómago
hacia el esófago torácico, por una relajación del esfínter esofágico
inferior, pero no puede observar directamente que exista una
"insuficiencia" del hiato diafragmático que rodea el esófago.
Dicha estructura - extraesofágica - no es visible, obviamente, con el
medio de contraste deglutido en el examen radiológico.
En lactantes es frecuente encontrar episodios radiológicos de RGE sin
que el paciente presente presente ninguna sintomatología relevante, de
índole digestiva o respiratoria. Por las razones citadas, la adecuada
integración de todos los datos disponibles es necesaria para el correcto
enfoque clínico del paciente.
Medición manométrica de la presión del esfínter esofágico inferior y
de la motilidad esofágica : Este tipo de exploración requiere de un
equipo de relativa complejidad, disponible sólo en algunos centros. En
este caso, no es el RGE propiamente tal el que es evaluado, sino algunos
factores de la motilidad del esófago (incluyendo el tono del esfínter
inferior), que pueden hacer posible su producción o su permanencia. La
medición de la presión del esfínter esofágico inferior no ofrece una
buena predicción respecto a la presencia o no de RGE. Sin embargo cuando
dicha presión es anormalmente baja, en forma permanente, suele
correlacionarse bien con la existencia de esofagitis, la cual pudiera
ser la causa, más que el resultado de la hipotonía esfinteriana. Al otro
extremo, la presión anormalmente alta del EEI se correlaciona con
acalasia.
Esofagoscopia : Este examen no está disponible en todos los
centros como una técnica de rutina, pero tiene la ventaja de
proporcionar una visión directa de la mucosa esofágica. Así, es capaz de
informar de la presencia de esofagitis o de estrechez del lumen, como
asimismo de la existencia de grandes hernias hiatales. Durante el examen
es importante tomar biopsias de la mucosa para optimizar la sensibilidad
del diagnóstico de esofagitis. La endoscopia, por otra parte, no
contribuye a identificar alteraciones en la motilidad esofágica.
Biopsia de mucosa esofágica : Las alteraciones histológicas
propias de la esofagitis consisten principalmente en hiperplasia de la
capa basal del epitelio escamoso, con exagerado alargamiento de las
papilas, y en la infiltración del epitelio y corion por linfocitos,
eosinófilos y células plasmáticas. En casos severos puede existir
incluso denudación del epitelio. Recientemente, se ha informado que la
aspiración pasiva de humo de cigarrillo puede ser causal de esofagitis
en niños, probablemente a través de una acción inhibidora de la
competencia del EEI.
La presencia de eosinófilos intraepiteliales no es específica de
esofagitis ya que está igualmente presente en sujetos controles. Al
respecto, no se ha definido aún lo que constituye la histología habitual
de la mucosa del tercio inferior del esófago en poblaciones "controles",
(especialmente de individuos de países en desarrollo), que están
expuestos a diversas variables ambientales (ciertos alimentos,
sustancias químicas del ambiente, humo de cigarrillo, etc.) Tal
conocimiento sería importante para delimitar la línea base entre lo que
representa una anormalidad específica de la mucosa esofágica, secundaria
a RGE, de lo que se puede encontrar en la mayoría de los sujetos de una
comunidad, especialmente en lo que se refiere a las poblaciones de
células inflamatorias de la mucosa.
La alteración metaplástica conocida como "esófago de Barrett" ha sido
descrita en algunos niños con esofagitis de evolución crónica,
secundaria a RGE patológico. Como esta condición tiene potencialidad de
malignización sería deseable un mejor conocimiento de su prevalencia y
trascendencia en la infancia.
En general, la interpretación de la biopsia esofágica no es fácil,
debido a factores técnicos, subjetividad de los observadores y - como se
mencionaba antes - cierto grado de discrepancia respecto a lo que
constituye realmente la línea divisoria entre lo normal y lo patológico.
Lógicamente, la biopsia como elemento aislado no está concebida para
determinar una conducta categórica frente a un niño con RGE, y su
utilidad debe entenderse en el contexto global de la evaluación del
paciente.
Medición prolongada de pH esofágico : El monitoreo prolongado
del pH esofágico requiere de un equipamiento compuesto por un electrodo
sensible a los cambios de pH y un aparato registrador, que pueda
integrar la información en forma computacional. Este equipo permite
inscribir las variaciones de pH esofágico que resultan de los episodios
de RGE durante un tiempo prolongado (18-24 hrs.) Así, puede registrarse,
en forma estandarizada, la información respecto a las variaciones
determinadas sobre el RGE por los cambios de posición, el ciclo
sueño-vigilia, las comidas, y otros factores. Mediante este tipo de
estudios ha quedado claro en que en los individuos normales -
particularmente los lactantes - ocurren como hecho habitual episodios de
reflujo, especialmente en el período postprandial, y que la diferencia
entre lo normal y lo patológico se basa en la medición de factores tales
como: porcentaje del tiempo durante el cual el pH esofágico es inferior
a 4 (también llamado "índice de reflujo"), número de episodios en 24
horas, número de episodios de duración superior a 5 minutos, duración
del episodio más largo, presencia de significativo RGE durante el sueño,
etc. Cada período superior a 15 segundos, durante el cual el pH es menor
a 4 es considerado convencionalmente como un episodio de RGE ácido. Aún
más importante que la cantidad de reflujo detectada es la asociación
de los episodios de RGE con los síntomas que han motivado la evaluación
.
Recientemente, un comité de la Sociedad de Gastroenterología Pediátrica
Norteamericana ha publicado unas pautas sobre la técnica referida. Ésta
tiene rigurosas exigencias de técnica e interpretación. Para comenzar,
requiere de una colocación exacta del electrodo, entre 3 y 5 cms. por
encima del margen superior del EEI. Asimismo, el electrodo debe ser
apropiadamente calibrado antes de su colocación. Una correcta ejecución
del examen necesita también de un tecnólogo entrenado para realizarlo
apropiadamente y de un médico con experiencia en la técnica y la
interpretación de sus resultados, y familiarizado, además, con las
entidades clínicas en consideración. Así efectuada, la técnica ha
significado un gran avance en el diagnóstico e investigación del RGE,
particularmente en pacientes seleccionados que presentan al clínico un
dilema de análisis. Esta prueba debiera ser una faceta dentro de una
completa evaluación clínica realizada por un médico que conozca bien al
paciente, así como las fortalezas y limitaciones de la prueba. El
monitoreo prolongado del pH esofágico es útil cuando va a llevar a un
cambio de importancia en el diagnóstico, tratamiento o pronóstico. Las
desventajas principales de la prueba consisten en la necesidad de
hospitalizar a determinados pacientes (lactantes y niños menores) y de
contar con una infraestructura de cierta complejidad y costo para su
realización.
En las siguientes situaciones clínicas se ha considerado que el
monitoreo prolongado de pH no es necesario o no presta utilidad:
a) Regurgitación habitual en lactantes
b) Esofagitis, demostrada ya en endoscopía
c) Disfagia
En las siguientes situaciones clínicas, por otra parte, se considera que
el monitoreo prolongado de pH es generalmente de utilidad:
a) Neumonía recurrente
b) Síntomas laríngeos recurrentes
c) Investigación de dolor precordial
d) Evaluación del tratamiento de RGE severo
En otras situaciones, el monitoreo prolongado de pH puede ser útil.
Ellas son:
a) Apnea infantil
b) Extrema irritabilidad y rechazo de la alimentación en lactantes
c) Investigación de hiperreactividad normal de causa no aclarada
Cintigrafía : Se ha empleado el radiofármaco Tecnecio-99,
administrado en una papilla, para estudiar la presencia de RGE. La
cintigrafía comparte algunas de las características del estudio
radiológico baritado. Sin embargo, la imagen obtenida tiene menos
resolución que la imagen a rayos X, lo que limita la utilidad de la
cintigrafía en el diagnóstico de anormalidades anatómicas. Por otra
parte, una ventaja de la cintigrafía consiste en que el período de
exposición al examen puede ser considerablemente extendido, en relación
a la radiología, sin tener, como ésta, riesgos por radiación para el
paciente. La cintigrafía puede, igualmente, identificar en forma
apropiada la aspiración al tracto respiratorio de material
esófago-gástrico, lo que la hace una técnica favorita en la
investigación de este fenómeno. Igualmente, permite medir el vaciamiento
gástrico de sólidos y de líquidos con mucho mejor rendimiento que el
estudio radiológico. La tecnología necesaria para la realización de la
técnica limita su factibilidad y lo restringe a unos pocos centros.
Además requiere de un grupo humano de gran rigor científico y
competencia profesional y técnica.
Antes de detallar los recursos terapéuticos comúnmente empleados en
lactantes con RGE, una premisa necesaria de tomar en cuenta es que, en
la etapa de lactante, los síntomas tienden a resolverse espontáneamente
en un alto porcentaje de los pacientes, a lo largo de los primeros meses
de vida. El manejo terapéutico del RGE tiene como objetivos
fundamentales aliviar los síntomas propios de la enfermedad (vómitos,
regurgitación, pirosis) y evitar las complicaciones de diversa índole
que pueden presentarse (esofagitis, aspiración, desnutrición, etc.)
Obviamente, una condición esencial para el éxito terapéutico está dada
por la adecuada evaluación de la presunta relación causa-efecto entre
esta condición y las manifestaciones clínicas que se intenta controlar.
Es crucial, por otra parte, descartar otras patologías que puedan ser
responsables de los problemas que el enfermo manifiesta.
Una vez que se pone en marcha un esquema terapéutico para el niño con
manifestaciones propias de RGE, debe vigilarse el cumplimiento de la
terapia y evaluarse periódicamente al paciente, asegurándose que los
síntomas y signos van remitiendo. En el niño con desnutrición
supuestamente secundaria al RGE, debe verificarse periódicamente que el
problema nutricional se esté resolviendo. De otra manera, se hace
necesario replantearse el diagnóstico y/o considerar la solución
quirúrgica. Si el niño tiene vómitos y regurgitaciones habituales, como
elemento central del RGE, estas manifestaciones irán remitiendo
gradualmente hasta remitir en unos meses. Habitualmente a los doce meses
de vida, ya no deberían ser un problema. No es necesario controlar dicha
mejoría sintomática con un estudio radiológico baritado, ya que por la
poca especificidad de éste, la mayoría de los niños pequeños mostrarán
algunos episodios de RGE, tengan o no tengan manifestaciones clínicas.
En el paciente con confirmación endoscópica de un esofagitis por RGE, el
tratamiento apropiado al cabo de tres meses, por lo menos, deberá dar
lugar a una mejoría endoscópica de la lesión. Por ello, en tales
pacientes está indicada la reevaluación endoscópica (e histológica) de
las lesiones.
Posición : El manejo postural del RGE, poniendo al paciente en
la posición en decúbito prono, se fundamenta principalmente en el hecho
de que el esófago desemboca en el estómago por la parte posterior de
éste, y por ello el esfínter esofágico inferior se encuentra en posición
elevada con respecto al estómago, y en consecuencia, por sobre el nivel
del líquido intragástrico. La posición en decúbito prono promueve,
además el vaciamiento gástrico y reduce el gasto energético y los
episodios de llanto. La utilidad de la posición descrita en la
prevención del RGE, ha quedado substanciada por numerosos estudios
controlados y prospectivos. De las experiencias analizadas puede
deducirse que actualmente esta forma de terapia postural anti-RGE es la
que cuenta con apoyo experimental más sólido.
En contraste, el uso de la posición supina en 45 o en 60 grados no
parece ser aceptable, como tampoco el empleo de sillas en las que el
niño queda semisentado en más o menos 60 grados. Hay sólidas evidencias
en el sentido de que estas posturas en realidad no reducen los episodios
de reflujo, cuando se las compara con la posición en decúbito prono.
Recientemente, algunos estudios epidemiológicos han descrito una
asociación entre el uso de la posición en decúbito prono y la muerte
súbita infantil. Por esta razón hay razonable preocupación por parte de
médicos y de grupos de padres con respecto al empleo de esta postura
para hacer dormir a los lactantes. En estas circunstancias, es
aconsejable, en el tratamiento de lactantes con RGE, el empleo de la
posición ventrolateral derecha, la cual tiene prácticamente las mismas
ventajas de la posición prona, por lo que se hace recomendable si las
anteriores consideraciones son una limitante para el médico y la
familia.
Alimentación : El uso de alimentaciones poco voluminosas y
frecuentes está fundamentado en la necesidad de evitar la repleción del
estómago con excesivos volúmenes de líquido. Sin embargo, al hacer más
frecuentes los períodos postprandiales en el paciente (en los cuales
ocurren la mayoría de los episodios de RGE), esta modalidad puede
contrarrestar la ventaja antes citada. Es práctica frecuente también
espesar la formula láctea para darle una mayor densidad. Esta medida,
que como otras es en gran parte empírica, tiene el inconveniente
relativo de llevar a un aporte excesivo de calorías en la alimentación,
ya que la manera habitual de espesar una fórmula es con el agregado de
harinas (en forma de cereales comerciales). En todo caso, si el paciente
presenta una desnutrición calórico-proteica, un aporte adicional de
calorías en la dieta sería conveniente. Un inconveniente del
espesamiento de la alimentación con cereal es el desarrollo de
constipación en algunos pacientes, la que puede aumentar los episodios
de regurgitación, por incremento de la presión intraabdominal. Algunos
espesantes comerciales son en base a gel y no parecen aumentar el
consumo de calorías. El espesamiento de las fórmulas no ha demostrado
reducir los episodios de RGE, medidos con electrodo intraesofágico, pero
disminuye el número de episodios visibles de regurgitación y vómito, así
como el tiempo de llanto de los lactantes, probablemente por prolongar
la sensación de saciedad postprandial.
En niños mayores es recomendable evitar la obesidad y promover la
reducción de peso en los ya obesos. Asimismo, es conveniente evitar la
ingestión de alimentos grasos, alimentos ácidos (cítricos, bebidas
gaseosas, tomate y sus derivados), así como el alcohol y el café.
Otras medidas : En niños menores es imperativo evitar la
aspiración pasiva de humo de cigarrillo, por lo que no se debe fumar en
su presencia. En niños mayores, la medida mencionada debe extenderse,
por supuesto, a la prohibición del hábito de fumar. Otras medidas que
pueden recomendarse son: evitar la utilización de ropa muy ajustada y
evitar el uso de medicamentos que exacerban el RGE (teofilinas,
preparados atropínicos, isoproterenol, etc.)
Medicamentos :
a) Procinéticos :
La metoclopramida fue bastante usada durante una época,
como coadyuvante de la terapia postural, para controlar los síntomas del
RGE infantil. La dosis diaria recomendada de metoclopramida en niños es
de 0,3 mgrs. por kilo de peso, administrados preferentemente 15 a 20
minutos antes de cada alimentación, tres veces al dia. La droga es
antagonista de la dopamina, y esta propiedad explica sus acciones.
Fundamentalmente, éstas consisten en la capacidad de inducir un aumento
en el tono del esfínter esofágico inferior, una aceleración del
vaciamiento gástrico, una optimización del peristaltismo esofágico y la
producción de efectos antieméticos centrales. Por su capacidad de cruzar
la barrera hematoencefálica, la metoclopramida es capaz de producir
efectos colaterales indeseados, especialmente de índole extrapiramidal,
los que ya pueden hacerse notar con dosis cercanas a la dosis
terapéutica y se encuentran con frecuencia relativamente alta. Por esta
razón, y por la seria potencialidad de estos efectos en el niño menor,
la metoclopramida no es en este momento aconsejable para ser usada en
lactantes.
Aunque en adultos ha habido numerosas experiencias controladas para
evaluar el uso de procinéticos en el tratamiento del RGE, en niños éstas
han sido más escasas. La domperidona
- un antagonista periférico de la dopamina - comparte varias de las
acciones farmacológicas y terapéuticas de la metoclopramida. No parece,
sin embargo, tener los inconvenientes mencionados en relación a ésta, ya
que no cruza la barrera hematoencefálica. Al poseer la domperidona un
mejor margen de seguridad que la metoclopramida, su dosis sugerida, de
0.3 mgrs. por kilo de peso, tres veces al día, podría aumentarse
aparentemente sin problemas.
Una tercera droga con actividad sobre la motilidad esofágica y que ha
demostrado ser efectiva en adultos con RGE es el betanecol,
una droga colinérgica. Esta droga ha sido evaluada en niños, con
resultados variables. Tiene el inconveniente de exacerbar el
broncoespasmo en niños con síntomas respiratorios.
El procinético más recientemente aparecido en la farmacopea del RGE es
la cisaprida, una droga que no es antagonista de la
dopamina ni es colinérgica pero que aumenta la entrega postganglionar de
la acetilcolina. Su principal acción reside en la capacidad de aumentar
el vaciamiento gástrico, y la velocidad de tránsito digestivo hacia
distal, a partir del duodeno y hasta el rectosigmoides. Las experiencias
con esta droga han sido en general favorables o indiferentes, sin
mostrar efectos terapéuticos espectaculares ni tampoco acciones
colaterales, excepto por su ocasional propiedad de producir una
tendencia a deposiciones más frecuentes y más fluídas. La dosis
aconsejada es de 0,3 mg por kilo de peso en cada dosis, tres veces al
día.
b) Neutralizantes o supresores del ácido gástrico
Los antagonistas de los receptores de histamina tipo 2 (H2), muy
particularmente la ranitidina
(y en menor grado la famotidina), han sido usados con
relativo éxito en niños con RGE patológico, con el objeto de reducir la
producción de ácido que pasa al esófago distal y así prevenir la
esofagitis y reducir el síntoma pirosis; pero, a diferencia de las
drogas antes citadas no actúan sobre el RGE en sí, ni provocan cambios
en la motilidad esófagogástrica. La situación más representativa del uso
de estos medicamento la constituye la esofagitis por reflujo, en la que
una terapia destinada a contrarrestar la acción mantenida del ácido
sobre la mucosa esofágica es vital en el control de dicha condición. Más
recientemente, se han estado usando bloqueadores de la bomba de
protones, como el omeprazol, que producen una supresión
total de la secreción ácida por el estómago y están indicados, por lo
tanto en esofagitis rebeldes al tratamiento con inhibidores H2 y en
esofagitis intensas.
Los antiácidos, usados tradicionalmente con el objeto
de neutralizar temporalmente el reflujo ácido y controlar síntomas como
la pirosis, no son adecuados supresores del ácido que permitan, por
ello, una adecuada resolución de la esofagitis. Además, la necesidad de
tomar varias dosis diarias, hace que el paciente no cumpla eventualmente
con la prescripción. Actualmente los antiácidos se han reservado como
coadyuvantes del empleo de inhibidores H2, con el objetivo principal de
aliviar la pirosis.
Tratamiento Quirúrgico:
La opinión mayoritaria, compartida tanto por pediatras como por
cirujanos es que la mayor parte de los pacientes con RGE pueden ser
manejados exitosamente en forma médica, sin necesidad de recurrir a la
operación. Este último tipo de terapia se reserva para las
complicaciones del RGE que no responden al tratamiento médico, así como
para condiciones graves, detectadas en el momento de presentación del
paciente o que se desarrollan durante su seguimiento, y que requieren de
una pronta y vigorosa solución. Ejemplos representativos de esta
situación son la esofagitis severa, la estenosis esofágica, los
episodios de neumonía recurrente asociados a RGE intratable y las crisis
de apnea y cianosis provocadas por el RGE. Inclusive, cuando esta última
asociación no puede ser demostrada convincentemente, pero el RGE
patoloógico visiblemente causa episodios apneicos que ponen en peligro
la vida del paciente ("sindrome de muerte súbita abortada"), es
preferible intentar una corrección quirúrgica del RGE, a poner en riesgo
la vida del paciente por inacción médica. Los pacientes con hernia
hiatal genuina, también son candidatos a la cirugía.
El criterio de mejoría para los síntomas respiratorios puros es
conflictivo, pues, como ya se ha dicho, éstos pueden ser independientes
de la presencia de reflujo y, por otra parte, la bronquitis obstructiva
recidivante del lactante tiene tendencia a ceder espontáneamente después
de los dos o tres años de edad.
Ciertos grupos de pacientes que con frecuencia requieren hoy día de
cirugía antirreflujo son los niños con daño neurológico, aquéllos que
reciben alimentación por gastrostomía y los que presentan RGE intratable
asociado a síntomas respiratorios crónicos, tales como los que sufren de
displasia broncopulmonar o tuvieron atresia esofágica.
En buenas manos, la mayor parte de los pacientes sometidos, con
correctos fundamentos, a cirugía antirreflujo, obtienen un buen control
del problema, con baja morbimortalidad postoperatoria. Las
intervenciones quirúrgicas precipitadas, por otra parte, llevan a
numerosos fracasos, ya sea por diagnósticos incorrectos o por
reactivación del proceso. Las fallas de la terapia quirúrgica suelen
resultar de la presunción incorrecta de que el RGE era la causa de los
síntomas que debían ser corregidos.
En niños con enfermedades que afectan al sistema nervioso central, los
resultados del tratamiento quirúrgico antirreflujo, si bien son
superiores a los del manejo médico, no son tan buenos como en pacientes
sin daño neurológico. Las razones para estas fallas parciales de la
cirugía comprenden la presencia de anormalidades de la deglución, que
continúan facilitando la aspiración de alimentos hacia la vía
respiratoria y la hipotonía muscular y la adopción de posiciones
anómalas habituales por parte del paciente, que contribuyen a
contrarrestar los efectos obtenidos por la operación.
La técnica quirúrgica más frecuentemente usada para corregir el RGE es
la fundoplicatura de Nissen, que incrementa la presión del EEI en niños
y crea una envoltura en el fondo gástrico que contribuye a reducir las
instancias de RGE. Esta técnica es la que goza de más prestigio entre
los cirujanos infantiles y la experiencia colectiva con ella es muy
grande. Entre sus complicaciones postoperatorias - tanto a corto como a
largo plazo - se incluyen: adherencias, distensión gástrica por
incapacidad de eructar, disfagia y "dumping". La operación por vía
laparoscópica está actualmente en sus etapas tempranas, por lo que no se
pueden obtener conclusiones más definitivas.
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