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¿Cuándo tenemos que visitar al dentista? Esta es una pregunta que
seguro la hacen todos los padres al observar que su hijo ya tiene
todos o casi todos los dientecillos.
De una forma general, la primera visita debe realizarse alrededor de
los 3 años, cuándo se encuentra completa la erupción primaria, para
una primera revisión. Los controles se deben hacer a cada 6 meses, y
no esperar que tenga que ser de urgencia.
De todas formas, antes de los 3 años, tenga el hábito de examinar
los dientes de su bebé. Los dientes saludables tienen un color
uniforme. Si ves manchas o puntos en los dientes, lleve a su bebé al
dentista. Limpie los dientes de su bebé con un paño suave y limpio o
con un cepillo dental para bebés en cuanto salgan en la boca.
Cuando llegue el momento de acudir al
dentista, a los tres años de edad o incluso antes cuando se detecte
algún problemita, los padres deben esforzarse por transmitir a su
hijo una sensación de confianza y de seguridad. Es necesario que
entre el niño y el dentista haya una buena relación de complicidad y
no de miedo ni de temores.
¿Qué se espera de una atención?
En las consultas, el especialista controla el
desarrollo de la dentición y el estado de las piezas dentales,
enseña las debidas pautas de higiene y completa la limpieza,
decide si conviene efectuar algún procedimiento preventivo y
puede advertir el inicio de caries cuando su tratamiento aún es
fácil y no han causado graves perjuicios. Con la ayuda de
diversos instrumentos, el dentista elabora, además, un informe
odontológico en el que precisa el estado de cada uno de los
dientes que conforman la dentadura, y su relación entre ellos.
Para completar el estudio puede recurrir también a la confección
de moldes o a la práctica de alguna radiografía.
Una rutina beneficiosa
Así, el odontólogo tiene una base suficiente para
determinar si se requiere alguna actuación especial.

Una rutina sin duda beneficiosa que conviene
comenzar pronto, no mucho más tarde de los tres años, cuando lo
más probable es que todavía no exista ningún problema y que la
visita para el niño constituya un momento agradable. De este
modo será más fácil repetirla con la regularidad que indique el
especialista, generalmente cada seis meses o, como máximo, una
vez al año.
El dentista un amigo
Los padres deben esforzarse por transmitir al niño
una sensación de confianza y seguridad cuando acude al dentista,
con el que conviene que llegue a entablar una buena relación,
sin los temores que son tan comunes en los adultos. Puede ayudar
a todo ello el hecho de acudir a odontólogos infantiles que
decoran y adaptan los consultorios según las necesidades y los
gustos de los mas pequenos.

El Instrumental
Para desarrollar su labor, el dentista tiene que
utilizar un instrumental muy variado, desde diminutos utensilios
que caben fácilmente en la boca de un niño hasta el imponente
tomo que se alza junto al sillón en que se tiende el paciente.
Es lógico que ante la visión de todos ellos, el niño se
sorprenda e incluso desconfíe, por lo que hay un consejo que
resulta muy útil pedirle al odontólogo que le enseñe al pequeño
los distintos aparatos y que le explique su utilidad Así se
familiarizará con ellos antes de que, ya situado en el sillón y
con la boca abierta, los vea como si de instrumentos de tortura
se tratase.

Evitar el miedo
Hoy en día, las técnicas odontológicas permiten
efectuar tratamiento con mínimas molestias para el paciente,
pero no cabe duda de que la actuación del dentista no siempre
resulta agradable, y en muchas personas, tanto niños como
adultos, genera a menudo una reacción de temor.

Para que el niño no tenga este tipo de
actitud ante la visita al odontólogo hay que actuar con
prudencia y realismo. Por ejemplo, no debe evitarse el miedo con
frases tan poco realistas como "no sentirás absolutamente nada"
o "ní te tocará"; bastaría entonces una sola mala experiencia
para que su hijo ya no confiase más en los consejos
tranquilizadores. Es preferible decirle que el especialista
siempre se preocupa de no hacer daño. Pero también es
conveniente pactar unos gestos de advertencia para que el niño
pueda saber que se tendrán en cuenta sus molestias, y explicar
que la pequeña incomodidad que sufre ahora evitará que más
adelante el tratamiento sea más complejo y molesto. Y; por
supuesto, lo más importante es no condicionar su miedo con
relatos de experiencias propias desagradables, ni amenazarlo
nunca con ir al dentista.
La limpieza dental periódica
La visita al dentista suele complementarse con una
actuación concreta la limpieza de los dientes Por supuesto, la
higiene dental es una cuestión cotidiana, ya que la placa
bacteriana tiende a formarse continuamente y es preciso
eliminarla mediante el cepillado y el uso del hilo dental varias
veces al día Pero estos procedimientos no bastan Aun
respetándolos, es casi imposible impedir que en algunas partes
de la dentadura, especialmente las más inaccesibles, se
depositen sobre la placa algunos minerales principalmente calcio
y fósforo, formando una costra dura denominada sarro Estas
concreciones sólidas no pueden arrancarse con el cepillo, sólo
pueden ser eliminadas por el dentista mediante un procedimiento
específico que conviene repetir de forma periódica, cada seis o
doce meses, coincidiendo con las visitas de control.
1.- Se examina atentamente la dentadura en
busca de sectores donde se haya acumulado el sarro y se procede
a una primera limpieza general con agua.

2.- Con la ayuda de un espejo se inspecciona
la cara interna de los dientes y se eliminan los restos de placa
dental, para dejar expuestas las partes cubiertas por
concreciones sólidas y rugosas.

3.- Se arrancan los depósitos duros mediante el raspado de la
superficie de los dientes con un instrumento afilado, o bien
mediante el uso de un aparato de ultrasonidos.

4.- Se pulen los dientes con un instrumento
de goma al que se incorpora una pasta abrasiva, dejando una
superficie dental lisa sobre la cual será más efectiva, a partir
de ahora, la acción del cepillado.

Fotos: Dr. Pedro Barreda
¿Qué es la
odontopediatría?
La odontopediatría es una parte de la odontología que se encarga del
cuidado y mantenimiento de la salud oral del niño de una forma
integral. Es a la odontología lo mismo que la pediatría a la
medicina.
Partimos de la situación de poder prevenir la enfermedad oral desde
el embarazo de la madre, siguiendo las diferentes etapas de
desarrollo y crecimiento del niño hasta completar la madurez del ser
humano (alrededor de los 18 años). Estos hechos sugieren la
verdadera importancia que adquiere esta especialidad odontológica ya
que introduce, desde muy temprano al niño, los conceptos de
prevención y cuidados de la integridad de sus estructuras orales.
Otro hecho importante reside en que una de las particularidades de
esta especialidad es la de profundizar en el control del
comportamiento del paciente infantil y juvenil en el consultorio.
Este hecho es fundamental, en primer lugar para realizar los
tratamientos con rapidez y eficacia, lo que finalmente procurará que
se adquieran hábitos correctos tanto de higiene bucal como de dieta
y que se deposite plena confianza en la odontología.
Todo ello procurará que el individuo llegue a la edad adulta con una
boca sana estética y funcionalmente y, sobre todo, que se hayan
adquirido los fundamentos para conservarla así durante toda la vida.
El odontopediatra podría resumirse como el primer dentista que
analiza al ser humano hasta la etapa de la edad adulta.
La formación del odontopediatra parte de la licenciatura en
odontología o la especialidad de estomatología tras la carrera de
medicina en algunos países, completándose los estudios a través de
títulos propios universitarios, formación hospitalaria u otras
actividades científicas, nacionales o internacionales.
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