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Aunque la mayoría de intoxicaciones agudas
(80%) son de carácter leve, todas precisan de una valoración inicial
rápida para poder indicar el tratamiento adecuado.
Frente a una intoxicación aguda, el médico
en medio pre-hospitalario actuará de acuerdo con el siguiente orden de
prioridades:
1. Medidas de soporte y reanimación.
2. Disminuir la absorción.
3. Administración de antídotos
4. Incrementar la excreción.
5. Medidas no específicas.
PRIMERA
PRIORIDAD TERAPÉUTICA:
VALORACIÓN DE LAS FUNCIONES VITALES Y MEDIDAS DE
SOPORTE-REANIMACIÓN
Las medidas de reanimación aplicables al
intoxicado agudo grave son básicamente las mismas que se aplican a
cualquier enfermo crítico. No obstante hay algunas diferencias
especialmente en la composición del botiquín de R.C.P. (adrenalina,
bicarbonato, lidocaína, atropina, etc.) ampliándolo con los denominados
antídotos reanimadores cuya aplicación puede revertir algunas de
las funciones vitales críticamente comprometidas.
Se procederá a evaluar:
• Permeabilidad
de la vía aérea en el paciente
comatoso
Recordar que la obstrucción de la vía aérea constituye la causa de
muerte más frecuente de un intoxicado en medio extra-hospitalario.
Se asegurará dicha permeabilidad:
— Aspirando secreciones o restos de vómito.
— Retirando prótesis dentarias móviles.
— No administrando ninguna sustancia per os.
— Evitando la caída lingual con un tubo de Mayo.
— Hiperextender el cuello.
— Colocando al intoxicado en la posición de coma (decúbito lateral
izquierdo en ligero Trendelemburg).
— Intubando al paciente, si es necesario y si técnicamente se está
capacitado. La intubación es la prevención mejor y definitiva frente al
riesgo de una broncoaspiración. Su necesidad vendrá dada por el grado de
coma y por el estado de la función respiratoria. Ante una indicación
dudosa de intubación traqueal (coma grado 2) o se controla muy de cerca
al paciente o preferiblemente se intuba aunque precise sedación o
relajación suplementaria.
— La vía aérea puede obstruirse total o parcialmente por la
hipersecreción bronquial y sialorreica causada por una intoxicación
aguda por insecticidas organofosforados o carbamato.En tal caso, es
necesario administrar el antídoto-reanimador atropina a dosis de
1 mg/5-10 minutos/hasta la aparición de signos de atropinización
(midriasis, frecuencia cardiaca de 120).
— Dos casos especiales de obstrucción de la vía aérea son la lesión
cáustica faringe-laríngea grave y la picadura de abeja o avispa
en la orofaringe. El edema y/o la necrosis local que generan pueden
ocasionar una verdadera emergencia médica que precisará traqueotomía
por el riesgo y dificultad de la intubación.
Está indicada la administración de
corticoides (1 mg/kg/i.v. prednisona o hidrocortisona equivalente)
pero no sustituyen a la traqueotomía debido a la tardanza en ejercer su
acción.
• La
función ventilatoria y la oxigenación
La hipoventilación está provocada por cualquier tóxico (habitualmente un
fármaco hipnosedante) capaz de deprimir el S.N.C. y consecuentemente el
centro respiratorio.
Si el intoxicado lleva horas de evolución, esta hipoventilación también
puede obedecer a una broncoaspiración, impactación de mucosidad
bronquial o edema pulmonar tóxico.
En cualquier caso esta hipoventilación (alteración de la frecuencia
respiratoria, volumen corriente disminuido) produce diversos grados de
hipoxemia.
Si la hipoxemia por hipoventilación es severa precisará
oxigenoterapia con soporte ventilatorio (intubación-ventilación, o
mascarilla Ambú).
Los antídotos-reanimadores, naloxona y flumazenil,
revertirán el coma y la depresión del centro respiratorio provocado por
los opiáceos (bradipnea o paro respiratorio, miosis, coma) o por las
benzodiacepinas, coadyuvando a la reanimación clásica.
La dosis de naloxona en el adulto con sobredosis por narcóticos
es de 0,4 mg/i.v. hasta revertir la bradipnea o el paro respiratorio. No
existe un esquema fijo de dosificación, ya que, en parte, dependerá del
tipo de narcótico y siempre de la respuesta clínica. Normalmente se
suspende su administración cuando se obtiene una frecuencia respiratoria
de 12-14/minuto, en general sin sobrepasar los 2 mg. Si el narcótico es
de vida media larga (dextropropoxifeno, metadona) se instaurará
perfusión de naloxona con al menos 4 mg/h durante 12-24 horas.
La acción farmacológica de la naloxona apenas dura una hora, por lo que
es frecuente que la depresión respiratoria reaparezca, precisando un
nuevo aporte de naloxona.
Su efecto adverso más frecuente es la aparición del síndrome de
abstinencia en drogadictos, de corta duración, en general moderado, que
puede precisar agonista a (clonidina) y sedación.
El flumazenilo se dosifica a razón de 0.25 mg (dosis adulto) en
bolo cada minuto hasta obtener la reversión del coma y de la
hipoventilación que, en general, se logra con tres o cuatro bolos. Su
acción también es corta, precisándose una nueva dosis (perfusión de 1
mg./500 cc suero glucosado/4 h.) si la sedación reaparece.
Algunos tóxicos, aunque no producen hipoxemia por hipoventilación,
provocan hipoxia tisular por bloqueo del transporte hemoglobínico de
oxígeno (intoxicación por monóxido de carbono, metahemoglobinemias) o
por bloqueo de la cadena respiratoria mitocondrial (intoxicación por
cianhídrico o cianuro o por sulfhídrico).
En estos casos, aparte de las medidas de soporte al estado de coma, la
oxigenoterapia (en especial en la intoxicación por CO) actúa como
un verdadero antídoto reanimador compitiendo y desplazando al CO
de su unión con la hemoglobina.
En la intoxicación cianhídrica, el ion “hidroxi” del
antídoto-reanimador hidroxicobalamina reacciona con el ion cianuro,
formando un compuesto atóxico (cianocobalamina).
Aparte de las medidas de soporte y reanimación, la hidroxicobalamina
contribuirá a antagonizar los efectos hipóxicos de la intoxicación por
cianuro, de elevadísima gravedad.
• Evaluación y
soporte del estado hemodinámico
Debe valorarse la tensión
arterial, frecuencia cardiaca y trastornos del ritmo.
La hipertensión arterial como manifestación de algunas
intoxicaciones (simpaticomiméticos, IMAO) no requiere reanimación. Ante
una crisis hipertensiva con o sin encefalopatía debe actuarse según el
protocolo habitual en esta emergencia.
La hipotensión arterial es el signo-guía de la inestabilidad
hemodinámica en intoxicaciones graves. Esta hipoventilación es
multietiológica (hipnosedantes, antidepresivos cíclicos, narcóticos,
quinidínicos, digoxina, betabloqueantes, calcioantagonistas, cloroquina,
paraquat, etc.) y su fisiopatología es multifactorial.
La hipotensión moderada (sistólica igual o superior a 80 mm de
Hg), sin signos de hipoperfusión tisular, obedece, en general, a medidas
simples: ligero Trendelemburg, corrección de la hipoxia, y reposición de
la volemia (suero fisiológico o expansores). Esta reposición de volemia
debe ser cautelosa en el ámbito extra-hospitalario, debiendo valorar la
función cardiaca (por el tóxico implicado o por patología previa).
Si la hipotensión es severa (70 mm de Hg o menor) con signos de
mala perfusión, aparte de las medidas antedichas, pueden precisarse
fármacos vasoactivos (dopamina o noradrenalina), en principio no
aconsejables en medicina pre-hospitalaria.
En algunos casos de hipotensión moderada o severa, deben usarse como
antídotos-reanimadores algunas sustancias de acción específica:
— Atropina, 1 mg/i.v. que se repetirá a los 5-10 minutos, incluso
varias dosis según respuesta y signos de atropinización. Indicada en
bradicardia severa (< 40) con o sin hipotensión en el curso de
sobredosis de digoxina o betabloqueantes.
— Lactato o Bicarbonato Na (1/6 M, 500 cc) ante una presunción
diagnóstica razonable de que la hipotensión está producida por
antidepresivos cíclicos. Extrahospitalariamente indicarlo con rigor y
con control debido a que la sobrecarga sódico-hídrica podría inducir un
edema pulmonar si el inotropismo cardíaco está disminuido por el tóxico.
— Gluconato Ca (10 cc al 10% i.v.) dosis repetibles, si la
hipotensión y/o bradicardia es sintomática en el curso de sobredosis de
calcioantagonistas.
Debido al control que requiere (monitorización ECG, calcemia) no es
aconsejable en asistencia pre-hospitalaria.
Las alteraciones de la conducción cardiaca con bradicardia
inferior a 40 se tratarán con atropina como se ha reseñado
anteriormente.
Las arritmias supra y sobre todo ventriculares graves, deben ser
tratadas (lidocaína, fenitoína) pero no en el medio pre-hospitalario.
La fibrilación ventricular y el paro cardíaco son poco frecuentes como
episodio final de los trastornos cardiotóxicos mencionados.
Aparte de la desfibrilación, el paro cardíaco de origen toxicológico
precisará un masaje cardíaco externo superior a los veinte minutos de la
reanimación cardiopulmonar (R.C.P) habitual (hasta 2 horas).
• Valoración del
estado de coma y
administración del “coma cocktail”
Frente a un coma supuestamente de origen tóxico, se ha de establecer una
valoración del grado de coma (escala Glasgow, Edimburgh u otras)
y hacer un diagnóstico diferencial (ver lo descrito en la parte
de “Diagnóstico Toxicológico”).
Sospechando un coma tóxico exógeno pero sin poder determinar el agente
causante,
está indicada una triada terapéutica
(coma cocktail) compuesta por:
— Glucosa 50%: 50-100 cc/I.V. (adultos).1 cc/kg./i.v. (niños) de
glucosa al 20%..
— Tiamina: 100 mg/i.m. después de administrar la glucosa. Sólo en
adultos.
— Naloxona: 0,01-0,02 mg/kg (0,4-1,2 mg/adultos).
Aparte de su posible acción terapéutica, si hay reversión del coma, se
confirma el diagnóstico de hipoglucemia o sobredosis por opiáceos según
que la respuesta haya sido a una o a otra sustancia.
La administración de glucosa y tiamina no tiene contraindicaciones
(salvo alergias a la B1). En cambio no debe usarse naloxona si
hay indicios de que algún simpaticomimético (cocaína o similar) está
presente como agente causal asociado a la sobredosis opiácea.
Últimamente a la triada terapéutica se ha unido:
— Flumazenil: 0,25 mg en bolo/cada minuto hasta 1 mg (adultos).
Si revierte el coma, confirma que el coma está causado por una
benzodiacepina como tóxico único o principal. Su uso no debe ser
indiscriminado ante cualquier sospecha de coma tóxico sin agente causal
conocido. Antes de aplicarlo debe descartarse que entre los posibles
tóxicos implicados en el coma haya convulsivantes (antidepresivos
cíclicos, cocaína y otros simpaticomiméticos).
• Estado
convulsivo
La convulsión generalizada o
el estado convulsivo inducido por diversos tóxicos debe tratarse en esta
etapa prioritaria de la reanimación por el riesgo que comporta
(bronco-aspiración, hipoxemia, hipertermia, rabdomiolisis, secuelas
neurológicas).
Se tratará con diazepam (10-20 mg/I.V. adulto) o clonazepam
(1-2 mg/i.v. adulto).Debido a su acción anticonvulsivante de corta
duración, si hay recurrencia de las convulsiones, se administrará:
fenitoína (perfusión, 25-30 mg/minuto).
Hay dos intoxicaciones inductoras de estado convulsivo, que tienen un
tratamiento específico de elección, a través de dos antídotos
reanimadores:
Piridoxina (B6). Efectivo en la intoxicación por isoniacida.
Dosis: 1000 mg/i.v./adulto.
Glucosa 50%: 100 cc/I.V. adulto en la sobredosis de insulina
o antidiabéticos orales.
PRIMERA PRIORIDAD TERAPÉUTICA:
MEDIDAS DE SOPORTE Y REANIMACIÓN
CONCEPTOS CLAVE
* La protección de la vía aérea y el soporte de la ventilación son las
medidas de mayor importancia.
* La reanimación en toxicología no difiere básicamente de la que se
aplica ante cualquier urgencia vital.
* El botiquín habitual de la R.C.P. hay que ampliarlo con
antídotos-reanimadores y otras sustancias útiles en R.C.P. toxicológica
(Tabla 3).
* En caso de paro cardíaco por fármaco cardiotóxico, la R.C.P. debe
prolongarse hasta los 120 minutos.
Tabla 3
COMPOSICIÓN DEL
BOTIQUÍN DE REANIMACIÓN TOXICOLÓGICA
| Atropina |
Flumazenil |
Hidroxicobalamina |
Naloxona |
| Diazepam |
Gluconato Cálcico |
Lactato Sódico |
Piridoxina |
| Fenitoína |
Glucosa hipertónica |
Lidocaína |
Tiamina |
COMPOSICIÓN DEL BOTIQUÍN DE
REANIMACIÓN TOXICOLÓGICA
Atropina Flumazenil Hidroxicobalamina Naloxona Diazepam Gluconato
Cálcico Lactato Sódico Piridoxina Fenitoína Glucosa hipertónica
Lidocaína Tiamina
SEGUNDA PRIORIDAD
TERAPÉUTICA:
DISMINUCIÓN O CESE DE LA ABSORCIÓN DEL TÓXICO
Después de la valoración inicial del
intoxicado y habiendo adoptado las medidas de soporte-reanimación que
estaban indicadas, hay que pasar a la segunda prioridad terapéutica
que consiste en evaluar en todos los casos (con o sin reanimación
previa) la posibilidad de cesar la absorción.
Las medidas a adoptar para disminuir la absorción tóxica, serán
distintas según la vía de entrada del tóxico:
Vía oftálmica. Se practicará un lavado conjuntival con agua o
suero fisiológico durante 15 minutos. Apósito y consulta oftalmológica.
Vía rectal. Excepcional. Probablemente está indicado un enema de
limpieza.
Vía parenteral. No hay posibilidad de disminuir la absorción de
un tóxico si éste se ha administrado por inyección parenteral. La
inoculación de veneno por picadura o mordedura de animales constituye un
ejemplo peculiar de vía parenteral. No practicar incisiones locales ni
succión. También está proscrito el torniquete.
Vía cutánea. Hay tóxicos que por su liposolubilidad son
absorbidos transcutáneamente (insecticidas, disolventes). En caso de
contacto cutáneo, se debe despojar al paciente de toda la ropa y, de
inmediato, lavar la piel con agua (a ser posible a presión) y jabón,
durante 15-20 minutos protegiéndose con guantes la persona que ayuda a
la descontaminación. Si el producto no es absorbible por vía cutánea
pero es cáustico, debe procederse de la misma forma.
Vía pulmonar. Al separar al paciente del ambiente tóxico cesa la
absorción. Recordar el riesgo de autointoxicación por parte de la
persona que retira al paciente de la atmósfera tóxica (cloro,
sulfhídrico de los pozos muertos), por lo que es preciso protegerse
antes.
Vía oral. Constituye la puerta de entrada de la mayoría de las
intoxicaciones-
Hay varias opciones terapéuticas para disminuir la absorción tóxica
digestiva:
A) Vaciado gástrico:
1. Inducción del vómito.
2. Aspirado-lavado gástrico.
B) Administrar carbón activado, como adsorbente.
C) Catárticos.
D) Caso especial de la ingesta cáustica. Dilución.
A) Vaciado gástrico
Es el método clásico para intentar rescatar el tóxico que aún permanezca
en la cavidad gástrica.
En el ámbito extrahospitalario, creemos, que la inducción del
vómito es la técnica más asequible a pesar de que en la práctica
casi no se emplea pre-hospitalariamente en nuestro país. Es obvio, que
la provocación del vómito durante la primera asistencia del intoxicado,
hecha bajo unas indicaciones precisas, podría ser muy útil al acortar el
intervalo entre ingesta tóxica y vómito y aumentar así, la cantidad de
tóxico extraído.
A.1) Inducción del
vómito
No deben utilizarse nunca los “viejos” eméticos (sulfato de cobre,
solución salina saturada).
La estimulación mecánica de la faringe presenta dos inconvenientes: no
siempre provoca el vómito y el retorno gástrico que consigue es poco
productivo. Puede utilizarse ante situaciones sin otro método
alternativo.
Se dispone de dos eméticos eficaces: el jarabe de ipecacuana y la
apomorfina.
Jarabe de ipecacuana. Es el emético de elección. Se
prepara según una fórmula magistral pudiendo obtenerse a través de una
oficina de farmacia (o servicio de farmacia hospitalario).
Es muy efectivo en provocar la emesis. Vomitan el 90% de pacientes
administrándolo con agua tibia según la pauta de dosificación expuesta
en la Tabla 4.
Tabla 4
DOSIFICACIÓN
RECOMENDADA DEL JARABE DE IPECACUANA
| Edad |
Jarabe de
ipecacuana |
Agua |
| 6-12 meses
|
5-10 ml |
15 ml/kg
|
| <12 años |
15 ml |
120-200 ml
|
| Adultos
|
30 ml |
200 ml |
DOSIFICACIÓN RECOMENDADA DEL
JARABE DE IPECACUANA
Edad Jarabe de ipecacuana Agua 6-12
meses 5-10 ml 15 ml/kg <12 años 15 ml 120-200 ml Adultos 30 ml 200 ml
Puede repetirse sólo una segunda dosis si no hay emesis a los 30 minutos
de la primera.
Indicaciones para su uso:
— Paciente consciente si la sustancia o la cantidad ingerida es
tóxica.
— Intervalo desde la ingesta tóxica inferior a 3 horas.
— Este intervalo puede ser superior (hasta 6 o más horas) si
concurren algunas de las siguientes circunstancias: ingesta de
antidepresivos tricíclicos u otros anticolinérgicos, narcóticos,
salicilatos, fármacos con galénica de liberación retardada, fármacos que
acostumbran a formar bezoares o conglomerados en la cavidad gástrica
(meprobamato), presencia de alimentos en estómago (comida reciente
previa a la intoxicación) y, finalmente, ingesta simultánea de hidróxido
de aluminio.
Contraindicaciones absolutas en el uso
de jarabe de ipecacuana
— Niños menores de 6 meses.
— Pacientes en coma, convulsivos u obnubilados con reflejo faríngeo
defensivo ausente.
— Ingesta de cáusticos.
— Ingesta de aguarrás u otros disolventes o hidrocarburos (gasolina,
etc.) a excepción de ingestas muy copiosas (2 mg/kg) o si se trata de
disolventes vehiculizantes de otras sustancias de alta toxicidad.
— Co-ingesta de un objeto cortante.
— Ingesta de tóxicos claramente convulsivantes (isoniacida, estricnina).
— Estado de shock.
— Diatesis hemorrágica severa.
Contraindicaciones relativas (a
valorar):
— Tóxicos potencialmente convulsivantes (antidepresivos clíclicos,
cocaína, teofilina y otros simpaticomiméticos).
— Presunción de que el estado de conciencia estará mucho más disminuido
cuando empiece el efecto emético de la ipeca, debido a haber ingerido
tóxicos de absorción rápida capaces de disminuir el nivel de conciencia
precozmente.
— Gestación avanzada.
— Intoxicaciones en que la ipeca por su efecto emético puede dificultar
la administración de un antídoto o tratamiento considerado más eficaz
(Ejemplo: Fluimucil® antídoto 20% en intoxicación por paracetamol).
Apomorfina. Es el emético olvidado. Una dosis de
0,05-0,1 mg/kg., hasta un máximo de 6 mg por vía subcutánea, provoca una
emesis repetida que se inicia a los 3-6 minutos de su administración.
Al deprimir el S.N.C., en especial el centro respiratorio, ha hecho que
la apomorfina caiga en desuso al considerarse inadecuada la relación
riesgo/beneficio.
No obstante, creemos que mantiene una indicación muy puntual y limitada:
intoxicación grave, potencialmente letal, por un tóxico no depresor del
nivel de conciencia, de ingesta reciente (menos de 1 hora), que
obviamente precisa un rescate digestivo inmediato mucho más rápido que
el obtenido por la ipeca (25 minutos) o el lavado gástrico. El ejemplo
puntual en nuestro medio es la intoxicación por paraquat.
En cualquier caso, la administración de naloxona revierte los efectos
indeseables de la apomorfina.
A.2) Aspirado-lavado gástrico
Las indicaciones del lavado gástrico son, en parte, superponibles a las
de la inducción emética por ipeca:
— Sustancia tóxica a dosis tóxica.
— Intervalo desde la ingesta inferior a 3 horas.
— Idénticas circunstancias que alargan el intervalo útil de 3 h.El
intervalo es el factor que más influye en la rentabilidad extractiva del
lavado.
Donde radica la diferencia respecto a la
emesis es en las contraindicaciones. Algunas son similares: cáusticos,
disolventes, hidrocarburos. Pero el coma o los agentes convulsivantes no
constituyen contraindicación formal.
El aspirado-lavado gástrico (A.L.G.) puede y debe practicarse en todo
estado de coma tóxico, (se prolonga el intervalo útil de 3 h. hasta 12 o
más), precisando intubación previa. El A.L.G. también puede practicarse
en caso de ingesta de convulsivantes. Si se ha producido ya algún
episodio convulsivo, debe tratarse antes de realizarse el lavado.
Para lograr la mayor eficacia extractiva posible es muy importante una
buena técnica de A.L.G. (aspirar antes del lavado, sonda nasogástrica
ancha, enfermo en decúbito lateral izquiedo).
En primera asistencia, en medicina de urgencias o en transporte
medicalizado es poco habitual la práctica del lavado gástrico.
En algunos casos se practica un lavado peculiar:
Se coloca una sonda nasogástrica con aspiración simple o practicando
“pequeños” lavados gástricos no es un verdadero A.L.G. no estando en
absoluto garantizada su eficacia a pesar de practicarse dentro del
intervalo útil.
En función de la situación neurológica, la colocación de la sonda oro o
nasogástrica puede estimular el vómito y provocar una broncoaspiración
dada la ausencia o disminución del reflejo faríngeo defensivo.
Por tanto, en medio extrahospitalario, ante un intoxicado en coma
“intermedio”, no debe colocarse una sonda nasogástrica u orogástrica
a menos que se esté técnicamente capacitado para evitar la hipotética
broncoaspiración.
B) Carbón activado
Aparte del vacíado gástrico (emesis o lavado ya descritos) la
administración de carbón activado constituye una alternativa (o un
complemento en el caso del lavado gástrico) para cesar o disminuir la
absorción del tóxico.
El carbón actúa no como neutralizante, sino como adsorbente de la
mayoría de sustancias tóxicas, pudiendo considerarse como un adsorbente
prácticamente universal, eficaz, inocuo y económico. Hay muy pocos
tóxicos que no sean adsorbidos por el carbón activado, básicamente los
alcoholes, derivados del petróleo, algunos pesticidas y, entre los
fármacos, las sales de hierro y el litio (Tabla 5).
Tabla 5
TÓXICOS NO
ABSORBIBLES POR EL CARBÓN ACTIVADO
| Ácido Bórico |
Etanol |
Metanol |
| Cianuro |
Etilenglicol |
Metrotexate |
| D.D.T. Sales de hierro
|
Litio |
|
| Derivados del petróleo
|
Melathion |
|
TÓXICOS NO ABSORBIBLES POR EL
CARBÓN ACTIVADO
Ácido Bórico Etanol Metanol Cianuro Etilenglicol Metrotexate D.D.T.
Sales de hierro Litio Derivados del petróleo Malathion.
El carbón activado está constituido por un polvo finísimo,
extraordinariamente poroso, formado por una verdadera red de caras o
superficies internas cuya sumación carilla a carilla equivale a casi
1000 m2 por gramo de carbón.
Los factores que influyen en su capacidad absortiva están bien
establecidos:
— Características del carbón (tamaño de los poros).
— Condiciones del medio (pH y presencia de alimentos en cavidad
gástrica).
— Tipo y dosis de tóxico. El tipo de tóxico prácticamente no es
limitativo para la capacidad de adsorción ya que el carbón es un
adsorbente universal (con las excepciones sumarizadas en la Tabla 5).
En cambio si la cantidad de tóxico ingerida es superior a su capacidad
de solubilizarse, se reducirá la eficacia absortiva.
— Dosis de carbón. Guarda relación con la cantidad de tóxico ingerida.
La proporción carbón/tóxico de 10/1 es la mejor para una óptima
adsorción.
— Desabsorción. La adsorción inicial tóxico-carbón puede reducirse
(desabsorción) influyendo negativamente en la eficacia del carbón. La
desabsorción será más acusada cuanto más lento sea el tránsito
intestinal y menor la proporción carbón/tóxico.
— Intervalo. Es el factor más determinante de la eficacia ya que la
posibilidad de adsorción va decreciendo a partir de la primera hora
posterior a la ingesta tóxica.
La dosis de carbón activado debe ser de 50 g iniciales
disueltos en unos 200-250 cc de agua, intentando adecuar la dosis a la
proporción carbón/tóxico 10/1, aumentándola o no con una dosis posterior
según la cantidad presumible de tóxico ingerido, sus características y
otras circunstancias ya expuestas.
Simultáneamente al carbón hay que administrar un catártico (30 g de
sulfato sódico o magnésico) para evitar no sólo la desabsorción y sino
también la constipación que provoca el carbón. No obstante, su uso
carece de interés en el contexto de la primera asistencia al intoxicado.
Además de la constipación, los vómitos constituyen otro efecto
indeseable del carbón que, ocasionalmente puede limitar su eficacia.
El carbón activado tiene una indicación específica: su
administración post-aspirado lavado gástrico.
Las restantes indicaciones son prácticamente idénticas a las ya
reseñadas para la emesis y el vaciado gástrico:
— Ingesta presumiblemente tóxica (por la cantidad o por el tipo de
tóxico).
— Intervalo transcurrido desde la ingesta tóxica, no superior a 3 h. (su
eficacia decrece después de la primera hora).
— Este corto intervalo de eficacia también se alarga en base al tipo de
tóxico, estado neurológico del intoxicado u otras circunstancias (ver
emesis o lavado gástrico).
Su uso no tiene contraindicaciones. No obstante carece de
indicación en una ingesta cáustica, o en el caso de que el tóxico sea un
solvente o derivado del petróleo (no los absorbe). Así pues, sus “no
indicaciones” coinciden con las contraindicaciones del aspirado-lavado
gástrico o de la emesis, aunque el motivo no sea idéntico.
Aparte de su capacidad absortiva que facilita la disminución de la
absorción del tóxico aún presente en la cavidad gástrica, el carbón
activado tiene una indicación adicional, muy especial: actuar sobre
un tóxico ya absorbido, superando el intervalo de eficacia de 2-3
horas hasta colocarlo en 10-12 horas o más post-ingesta.
¿A través de qué mecanismo? Cuando tras
la sobreingesta de un tóxico, éste se ha absorbido hallándose ya en la
circulación sistémica, dosis repetidas de carbón activado pueden
acelerar su excreción, atrapando (adsorbiendo) especialmente en duodeno
y en intestino delgado, moléculas libres del tóxico o alguno de sus
metabolitos activos que retornan al tubo digestivo, bien a través de su
excreción biliar (circulación enterohepática) o bien a través de un
proceso de difusión pasiva o transporte activo desde el espacio vascular
(capilar de la vellosidad intestinal) a la luz del tubo digestivo. El
tóxico adsorbido así por el carbón se excretará por el tubo digestivo.
Este proceso, denominado diálisis gastrointestinal, sólo es
efectivo en algunas intoxicaciones (Tabla 6).
Para lograr este efecto, se pautarán dosis de 20 g de carbón cada 2-4
horas, según tolerancia (vómitos), hasta alcanzar, en general, diez
dosis.
En atención pre-hospitalaria, se administrará la primera dosis, frente a
intoxicaciones por tóxicos susceptibles de diálisis gastrointestinal
(Tabla 6).
Tabla 6
TÓXICOS QUE UNA
VEZ ABSORBIDOS VEN ACELERADA SU EXCRECIÓN CON DOSIS REPETIDAS DE CARBÓN
ACTIVADO
| Amanitinas |
Fenilbutazona |
| Amitriptilina |
Fenobarbital |
| Carbamazepina |
Glutetimida |
| Dapsona |
Nadolol |
| Desmetildoxepina |
Nortriptilina |
| Difenilhidantoína |
Propoxifeno |
| Digitoxina |
Teofilina |
| Digoxina (?) |
|
TÓXICOS QUE UNA VEZ
ABSORBIDOS VEN ACELERADA SU EXCRECIÓN CON DOSIS REPETIDAS DE CARBÓN
ACTIVADO
Amanitinas Fenilbutazona Amitriptilina
Fenobarbital Carbamazepina Glutetimida Dapsona Nadolol Desmetildoxepina
Nortriptilina Difenilhidantoína Propoxifeno Digitoxina Teofilina
Digoxina (?)
C) Catárticos
Su uso carece de interés en atención urgente pre-hospitalaria.
EMESIS, ASPIRADO-LAVADO GÁSTRICO O CARBÓN
ACTIVADO
¿Cuál de los tres métodos es el de elección en asistencia urgente
pre-hospitalaria?.
La conclusión es que los tres métodos son intercambiables si se miden
por su eficacia.
La elección se hará básicamente en base al estado clínico del paciente
y, en ocasiones, según el tipo de tóxico.
El siguiente esquema pretende resumir las opciones con las que podemos
encontrarnos:
Intoxicado consciente: Ipeca, carbón activado (indistinto).
Intoxicado consciente pero el tóxico es teóricamente letal:
Apomorfina.
Intoxicado convulsivo: A.L.G. previo tratamiento
anticonvulsivante.
Intoxicado en coma grado 3: A.L.G. previa
intubación (si se está capacitado técnicamente).
Intoxicado en coma grado 1 o grado 2: Debe valorarse la gravedad de la
intoxicación (tipo y cantidad de tóxico) para tomar una decisión:
Si la intoxicación se prevé leve-moderada: abstención.
Si la intoxicación se prevé grave o muy grave: intubación + A.L.G.
Si no es posible calificar la intoxicación: Aspiración (S.N.G.) + carbón
activado.
D) Caso especial de la ingesta cáustica.
Dilución
Denominaremos ingesta cáustica a la deglución de una sustancia ácida o
básica, capaz de producir un efecto corrosivo más o menos intenso sobre
el tubo digestivo.
Ante una ingesta cáustica no se trata de adoptar medidas para disminuir
una absorción (que no se produce) sino que se trata de paliar el efecto
corrosivo.
¿Cuál será la actuación médica pre-hospitalaria idónea ante una ingesta
cáustica genuina (sustancia sin absorción sistémica)?
Deberán seguirse las siguientes pautas de actuación:
1. Valorar (etapa prioritaria de soporte-reanimación) los tres síntomas
críticos que pueden aparecer tras una ingesta masiva y/o de elevada
causticidad:
— Estado de la vía aérea (edema y necrosis glótica).
— Perforación esofágica o gástrica (mediastinitis o abdomen agudo).
— Estado hemodinámico (hipotensión o shock).
Ello condiciona un traslado medicalizado urgente al hospital.
Puede administrarse previamente un analgésico opiáceo y/o prednisona 1
mg/Kg vía I.V.
2. La gran mayoría de ingestas cáusticas no necesitan medidas de
soporte-reanimación o cirugía inmediata.
Ante tales casos, la asistencia urgente extra-hospitalaria se basará en
los siguientes puntos:
— Se intentará conocer el grado de causticidad de la sustancia ingerida
(pH, características físico-químicas, etc).
— No neutralizar un ácido con un alcali o viceversa.
— No intentar maniobras de vaciado gástrico.
— Si hay vómito, tratarlo sintomáticamente.
— Diluir el cáustico administrando agua fría o mejor helada, 150 cc lo
más precozmente posible. Es probable que esta medida sea inefectiva ya
que la lesión corrosiva se establece en menos de un minuto tras la
ingesta cáustica. Por otra parte es conveniente no administrar mucha
agua ni ingerirla muy rápidamente para no estimular el vómito.
— Siempre traslado hospitalario, aunque no existan lesiones bucales y/o
faríngeas ni otra clase de síntomas.
SEGUNDA PRIORIDAD TERAPÉUTICA:DISMINUCIÓN
O CESE DE LA ABSORCIÓN DEL TÓXICO
CONCEPTOS CLAVE
* En condiciones clínicas y tóxicas idénticas, la provocación del vómito
y el A.L.G. tienen una eficacia extractiva similar si la técnica es
adecuada.
* El carbón activado es una alternativa a los métodos extractivos con
una eficacia semejante.
* La elección de uno de los tres métodos dependerá del estado
neurológico del intoxicado, tipo de tóxico y posibilidades técnicas.
* El intervalo entre ingesta tóxica y método extractivo o carbón
activado es el factor más influyente en la eficacia para disminuir la
absorción del tóxico.
* En general, la recuperación tóxica que se logra es escasa pero no
totalmente predecible, existiendo casos aislados de eficacia extractiva
elevada.
* En el ámbito pre-hospitalario, se infrautiliza la inducción del
vómito.
TERCERA PRIORIDAD
TERAPÉUTICA:
ADMINISTRACIÓN DE ANTÍDOTOS
Los antídotos poseen la acción más
específica, más eficaz y, algunas veces, la más rápida, de entre todas
las sustancias o métodos con utilidad terapéutica en toxicología
clínica.
Como ya se ha mencionado una parte de ellos (antídotos reanimadores)
tienen un papel preponderante en la reanimación de algunas
intoxicaciones, formando parte del “botiquín de reanimación
toxicológica” (Tabla 3). No obstante, su uso no debe suplir las técnicas
de soporte vital sino complementarlas.
En su conjunto, la indicación para el uso de antídotos, se hará
de acuerdo con los siguientes principios: especificidad de acción frente
a un tóxico, estado clínico y/o analítica toxicológica, valoración del
riesgo-beneficio ya que algunos poseen toxicidad intrínseca. La
precocidad en su utilización continúa siendo un factor condicionante de
eficacia. De ahí el interés del empleo de alguno de ellos en asistencia
pre-hospitalaria.
En nuestro medio, se dispone de algo más de treinta antídotos de
eficacia contrastada. Su listado, agrupado en base a sus distintas
acciones farmacológicas, se expone en la Tabla 8.
El botiquín de antídotos, obviamente, no es sinónimo de botiquín
toxicológico. Éste agrupa, aparte de los antídotos, a todas aquellas
sustancias de utilidad en el tratamiento toxicológico.
En vez de enumerar “in extenso” todo el botiquín toxicológico posible,
será más útil especificar aquellas sustancias farmacológicamente
necesarias para tratar de modo adecuado una intoxicación en asistencia
primaria.
En la Tabla 7 se detalla una propuesta de
composición del botiquín toxicológico para la asistencia
extrahospitalaria (asistencia domiciliaria, asistencia urgente
especializada tipo 061, centros de atención primaria, transporte
medicalizado, etc.). Algunos de los componentes del botiquín son de uso
exclusivo en transporte medicalizado.
De modo somero, se describen las indicaciones y dosificación de cada uno
de los componentes del botiquín toxicológico de primaria. No se hará una
enumeración exhaustiva de indicaciones y ritmo de dosificación de cada
sustancia. Sólo se señalarán aquellas indicaciones que cada uno de
los componentes del botiquín tiene en toxicología pre-hospitalaria y su
dosificación exclusivamente en esta etapa asistencial.
Tabla 7
COMPOSICIÓN DEL
BOTIQUÍN TOXICOLÓGICO EN ASISTENCIA
PRE-HOSPITALARIA
| Ácido folínico/Ácido Levofolínico |
Jarabe de Ipecacuana |
| Adrenalina |
Lactato Na |
| Almidón |
Lidocaína (sólo en TM) |
| Apomorfina |
N-acetilcisteína |
| Atropina |
Naloxona |
| Carbón activado |
Oxígeno (en T.S.) |
| Corticoides |
Penicilina G sódica |
| Diazepam |
Piridoxina |
| Etanol (bebida alcohólica) |
Protamina |
| Fenitoína (sólo en TM) |
Sales de Calcio |
| Flumazenil |
Sueroterapia |
| Glucosa hipertónica |
Sulfato Mg |
| Hidroxicobalamina (sólo en TM) |
Tiamina |
| T.M.= Transporte Medicalizado |
T.S.= Transporte Sanitario |
COMPOSICIÓN DEL BOTIQUÍN
TOXICOLÓGICO EN ASISTENCIA
PRE-HOSPITALARIA
Ácido folínico/Ácido Levofolínico Jarabe de Ipecacuana Adrenalina
Lactato Na Almidón Lidocaína (sólo en TM) Apomorfina N-acetilcisteína
Atropina Naloxona Carbón activado Oxígeno (en T.S.) Corticoides
Penicilina G sódica Diazepam Piridoxina Etanol (bebida alcohólica)
Protamina Fenitoína (sólo en TM) Sales de Calcio Flumazenil Sueroterapia
Glucosa hipertónica Sulfato Mg Hidroxicobalamina (sólo en TM) Tiamina
T.M. = Transporte Medicalizado T.S. = Transporte Sanitario
Ácido folínico/Ácido Levofolínico.
Su administración precoz está indicada frente a las intoxicaciones por
metanol, con independencia del estado clínico, cantidad ingerida o
intervalo.
Dosis: 25 mg/I.V./lento (Folaxin®) ó 50 mg/I.V./lento (Lederfolín®).
Raramente pueden producir reacciones de hipersensibilidad.
Adrenalina. Indicada en
el shock anafiláctico tras picadura de abeja, avispa o
abejorro. Excepcionalmente en shock anafiláctico por picaduras de otros
animales.
Dosis: 0,5 cc de una solución al 1/1000, subcutánea, que se repetirá
según el efecto producido.
Almidón. El yodo es una
sustancia altamente tóxica por su poder oxidante. También puede producir
lesión caústica digestiva e irritación de vías respiratorias (sus
soluciones comerciales son volátiles).
El almidón es un neutralizante del yodo.
Ante una ingesta de yodo, deben administrarse cuatro dosis de 100 cc de
una solución de almidón al 10%, a intervalos de 5 minutos.
Si la ingesta de yodo es reciente y la cantidad ingerida es alta (más de
100 cc de solución al 1% o 25 cc de tintura de yodo) previamente a la
administración de las cuatro dosis de almidón, se realizará un lavado
gástrico con agua y almidón (al 10%).
El color azulado del agua del retorno del lavado indicará que todavía
hay yodo y que debe continuarse el lavado.
Apomorfina. De uso muy
limitado, está indicada frente a una intoxicación potencialmente letal
por un agente causal no depresor del nivel de consciencia (paraquat,
por ejemplo), de ingestión reciente (1 hora).
Dosis: 0,05-0,1 mg/kg hasta un máximo de 6 mg/vía subcutánea.
Emesis a los 5 minutos.
Tener preparada naloxona para antagonizar una posible depresión del
nivel de conciencia o del centro respiratorio.
Atropina. Inhibe a la
acetilcolina de modo competitivo a nivel de receptor muscarínico. Útil
en asistencia primaria, especialmente en el ámbito rural ya que está
indicada su administración en la intoxicación por insecticidas
organofosforados o carbamatos.
Su empleo se hará si aparece sintomatología muscarínica: miosis,
visión borrosa, sudoración, hipersecreción bronquial, bradicardia (o
taquicardia), hiperperistaltismo, a veces diarrea, etc. Esta
sintomatología precede a los signos de afectación muscular
(paresias-parálisis, fasciculaciones) y, en casos graves, al estupor o
coma.
Dosis adulto: 2 mg/I.V. Pueden repetirse dos dosis suplementarias a
intervalos de 10 minutos a menos que surjan signos de atropinización
(midriasis, taquicardia superior a 120).
La atropina también está indicada en bloqueos de conducción en el
curso de una intoxicación por digoxina o calcioantagonistas.
Parámetro clínico para su indicación pre-hospitalaria: frecuencia
cardiaca inferior a 40.
Administrarla con precaución en ancianos, tirotoxicosis, cardiopatía
isquémica, arritmias previas.
Carbón activado. Como ya
se ha señalado es un adsorbente prácticamente universal (con la
excepción del litio, alcoholes y otras sustancias, Tabla 5) cuya
administración precoz en toxicología pre-hospitalaria (máximo 3 horas
post-ingesta) puede disminuir la absorción tóxica.
Dosis: 50 gr en 250 cc de agua. Intentar conservar la proporción 10/1
(carbón/tóxico).
También es efectivo tardíamente cuando el tóxico ya se ha absorbido
(Tabla 6).
Importante dar una primera dosis en asistencia primaria, antes de su
atención hospitalaria, en intoxicaciones por digoxina, teofilina y en
intoxicaciones por setas que cursen con un cuadro de enterocolitis de
comienzo tardío (más de 6 horas post-ingesta de setas).
Corticoides. Prednisona
(1-2 mg/kg/i.v.) para tratar el shock anafiláctico o edema
glótico tras una picadura de himenóptero (abeja, avispa). No debe
administrarse profilácticamente frente a cualquier picadura de abeja o
avispa.
Los corticoides también están indicados para tratar el edema glótico
tras una ingesta cáustica grave.
Preventivamente, antes de su traslado al hospital,
puede administrarse también en la inhalación de gases irritantes (cloro,
por ejemplo) si hay sintomatología (tos, hiperreactividad bronquial).
Diazepam.
Indicado como anticonvulsivante en intoxicaciones que cursen con crisis
generalizadas, a excepción del cuadro convulsivo por una sobredosis de
isoniacida.
Administración endovenosa, muy lenta (10-20 mg). Precaución con las
reacciones idiosincrásicas.
Etanol.
La administración de etanol en solución endovenosa no está indicada
en el ámbito extrahospitalario, ya que para su uso se precisa una
vía central.
Si el enfermo está consciente o puede deglutir se administrará
una bebida alcohólica (whisky) 50 cc per os.
Indicado ante cualquier intoxicación por metanol o etilenglicol,
antes de su traslado hospitalario.
Fenitoína.
Fármaco de segunda elección para tratar el estado convulsivo generado
por un tóxico.
De elección en el caso de sensibilización a las benzodiacepinas o
ineficacia del diazepam para yugular un estado convulsivo prolongado. Se
administra en perfusión (20 mg/Kg/I.V. con un máximo de 50 mg/minuto).
Puede administrarse pre-hospitalariamente pero sólo bajo el control del
equipo de transporte medicalizado especializado. En este mismo ámbito
(transporte medicalizado), puede utilizarse como antídoto reanimador en
arritmias ventriculares inducidas por tóxicos.
Flumazenil.
Se trata de un antídoto de acción competitiva a nivel del receptor GABA,
capaz de revertir el coma benzodiacepínico. Ya se ha mencionado que en
toxicología pre-hospitalaria es útil no sólo en la etapa diagnóstica
(por su especificidad de acción) sino también como antídoto reanimador
terapéutico.
Ver indicaciones y dosificación en los apartados correspondientes
(diagnóstico diferencial y 1ª prioridad terapéutica).
Glucosa
hipertónica. Su aporte actuará reponiendo la concentración
fisiológica de glucosa, disminuída por sustancias hipoglucemiantes,
básicamente insulina o antidiabéticos orales en sobredosis. Rara
vez, la hipoglucemia es consecuencia de una intoxicación etílica aguda.
En asistencia primaria está indicada (50-100 cc de una solución al 50%
I.V.) siempre que se sospeche una hipoglucemia de origen tóxico
(dextrostix, sudor, confusión, Babinsky). No tiene contraindicaciones.
La glucosa hipertónica forma parte de la triada terapéutica-diagnóstica
del coma probablemente de origen tóxico pero sin agente causal conocido
(coma cocktail). La pauta de dosificación es la misma.
Tras la glucosa hay que administrar tiamina (100 mg/i.m.) para
evitar que su deplección inducida por la glucosa pueda desencadenar una
encefalopatía de Wernicke, especialmente en alcohólicos.
Hidroxicobalamina. La intoxicación por cianuro o
inhalación de cianhídrico es excepcional pero cuando se produce
es de una inmediata y alta mortalidad al provocar una hipoxia celular
severa por bloqueo de la citocromo-oxidasa.
La hidroxicobalamina es capaz de intercambiar de manera irreversible un
ion “hidroxi” por un ion cianuro, formándose cianocobalamina atóxica.
En primera asistencia su uso es exclusivo
del grupo de transporte medicalizado o de un equipo médico especializado
(industrias químicas, petroquímicas, incendios que es donde más
fácilmente puede generarse cianhídrico).
La indicación para el uso de este antídoto-reanimador se basa en
aspectos tóxico-clínicos: presunta ingesta de sal soluble de cianuro
(suicidio, homicidio, accidente) o presunta inhalación de cianhídrico
(incendio, accidente-catástrofe industrial) junto a sintomatología
grave: obnubilación, coma, paro respiratorio, hipotensión, shock, etc.
Su empleo debe ser lo más precoz posible, coadyuvando a las medidas de
reanimación cardio-pulmonar y a la oxigenoterapia al 100%.
Dosis: 5 gramos/i.v./en 10-15 minutos. Infrecuente reacción
alérgica-anafiláctica.
De difícil disponibilidad: preparación galénica que precisa protección
de la luz al ser fotosensible.
Jarabe de ipecacuana.
Es el emético de elección. Su uso precoz en el ámbito primario
incrementa su eficacia. Ver indicaciones y dosificación descritas
previamente (en medidas para disminuir la absorción tóxica).
Lactato Na (o
bicarbonato Na 1/6 M). Indicado (500-1000 cc). Debe emplearse ante una
hipotensión arterial en el curso de una intoxicación por
antidepresivos tetra o, sobre todo, tricíclicos. (E.C.G.:
taquicardia, alargamiento del PR, QT y QRS ancho). Debe controlarse la
sobrecarga hídrica y sódica que supone su administración (edema
pulmonar).
Lidocaína. De uso
exclusivo en transporte medicalizado. Indicada si en el transcurso de
una intoxicación por cardiotóxicos (antidepresivos u otros) aparecen
arritmias supra o ventriculares graves con bajo gasto o riesgo de
F.V.
N-Acetilcisteína (Fluimucil®
Antídoto 20%). Es el antídoto específico en la intoxicación por
paracetamol.
Su uso es, en general, hospitalario.
Pre-hospitalariamente, puede iniciarse su administración oral ante una
sobreingesta de paracetamol superior a 10 g en un adulto o 150 mg/Kg en
un niño si el tiempo transcurrido desde la ingesta o el tiempo calculado
de llegada a un hospital es de 8 horas o superior.
Dosis: 140 mg/kg/v.o. Pudiéndose administrar con zumos.
Naloxona. Antídoto
genuino, de acción competitiva específica a nivel de receptores
opiáceos, que revierte el paro respiratorio y el coma
inducido por heroína, codeína, morfina, metadona y otros opiáceos
sintéticos. En cambio, no previene la aparición del edema pulmonar no
cardiogénico con que puede cursar esta intoxicación.
Su empleo en toxicología pre-hospitalaria obedece a una doble utilidad
como en el caso del Flumazenil: utilidad diagnóstica y terapéutica.
Respecto a dosis, indicaciones y efectos adversos, ver lo ya reseñado en
apartados precedentes.
Debido a la frecuencia de la sobredosis por opiáceos, es inexcusable que
este antídoto esté al alcance de cualquier servicio de urgencias en
atención primaria.
Su uso de efecto específico y sumamente eficaz, no sustituye a las
medidas de reanimación (intubación, ventilación, oxígeno) en caso de
paro respiratorio.
Oxígeno (exclusivo del
transporte sanitario).
La oxigenoterapia es de uso habitual e inespecífico en aquellas
intoxicaciones que cursan con hipoxemia debido a hipoventilación
(tóxicos depresores del S.N.C.) o a otras causas: broncoaspiración,
edema pulmonar, etc.
A parte de esta acción inespecífica, el oxígeno actúa como un verdadero
antídoto en la intoxicación por monóxido de carbono (CO). La
unión de la hemoglobina con el CO formará carboxihemoglobina y una menor
proporción de oxihemoglobina, produciendo hipoxia tisular (sin
hipoxemia) por déficit del transporte de oxígeno a la célula.
En estos casos, el oxígeno competirá con el CO en su afinidad de unión
con la hemoglobina.
La oxigenoterapia debe ser aplicada precozmente, a ser posible,
al ser retirado el presunto intoxicado por CO de la fuente de
exposición. Esta medida es de trascendental importancia en medicina
primaria de urgencia, ya que puede reducir posibles lesiones por anoxia.
Debe administrarse, mientras se traslada el paciente al hospital, a la
máxima concentración posible (Monagan, o al 100% si el paciente
precisara intubación).
El empleo de la oxigenoterapia es también preceptiva en asistencia
primaria frente a otras intoxicaciones que provocan hipoxia tisular (metahemoglobinizantes,
sulfhídrico, cianhídrico) aunque alguna de ellas disponga de antídoto
específico.
Penicilina G sódica.
Ante un cuadro de gastroenterocolitis que se inicia 6 o más horas
después de la ingesta de setas, el enfermo debe ser remitido a un
hospital ante la posibilidad de intoxicación por amanitinas.
Antes de ser trasladado, debe administrarse una primera dosis de
penicilina G sódica (2 millones de unidades) intramuscular o endovenosa
que se repetirá a las 2 horas según la demora en llegar al centro
hospitalario.
Al parecer, la penicilina competiría con las amanitinas en el sistema de
entrada celular a nivel de la membrana del hepatocito.
No olvidar, además, la eficacia de una primera dosis de carbón activado
prescrita en urgencias pre-hospitalarias ante este cuadro clínico.
Piridoxina. La
isoniacida, aparte de su acción antituberculosa, compite con la
piridoxina, y, en caso de sobredosis, la sintomatología tóxica puede
debutar con un cuadro convulsivo.Ante una intoxicación aguda por
isoniacida con o sin clínica convulsiva, debe administrarse, como
tratamiento pre-hospitalario, piridoxina. Con ella cederán las
convulsiones o profilácticamente las evitará.
La dosis de piridoxina es de un miligramo por cada miligramo de
isoniacida ingerida. Ante la dificultad frecuente de conocer con
exactitud esta cantidad, se aconseja administrar 1000 mg/I.V. iniciales
en 2 ó 3 dosis.
Puede incrementarse la dosis si hay recurrencia de las convulsiones.
La piridoxina tiene una indicación adicional en la primera asistencia
del intoxicado por etilenglicol (anticongelante): 100 mg de B6 antes de
su traslado al hospital.
Protamina. Antídoto por
reacción directa con la heparina formando un complejo iónico, estable e
inactivo. Indicado en cualquier nivel asistencial (incluido primaria)
para contrarrestar el sangrado, en general yatrógeno, provocado por la
heparinización. La pauta de dosificación es de 1 mg de protamina/I.V.
lenta por cada 100 U.I. de heparina sódica si ésta se ha administrado en
un tiempo inferior a los 15 minutos. Si han transcurrido 30 minutos o
más desde la administración de heparina, aplicar 0,5 de protamina/I.v.
lenta por cada 100 U.I.El efecto adverso más llamativo es la reacción
alérgica (sobre todo, a dosis superiores a los 50 mg en 10 minutos o en
enfermos sensibilizados, por ejemplo diabéticos tratados con insulina-protamina).
Si se inyecta con excesiva rapidez puede provocar disnea, hipotensión,
bradicardia.
Sales de Calcio. Su
indicación en asistencia toxicológica pre-hospitalaria se ciñe a dos
situaciones.
La primera, cuadro de hipocalcemia clínica (Trousseau, Chvostek,
convulsiones, QT largo) provocado por algunas intoxicaciones:
etilenglicol (la hipocalcemia es provocada por un metabolito
intermedio del etilenglicol, el ac. oxálico), fluoruros,
fluorhídrico, oxalatos.
El etilenglicol está presente en los anticongelantes usados en los
radiadores de coche y los oxalatos son un componente de los
quita-manchas de óxido.
La dosis inicial será de 5-10 cc de cloruro cálcico al 10%, I.v. lenta,
o su equivalente 10-30 cc de gluconato cálcico al 10%. Puede repetirse
la dosis según respuesta pero no es aconsejable en asistencia primaria,
pues dosis superiores necesitarían del control de la calcemia y del
E.C.G.
Hay que recordar que los tóxicos hipocalcemiantes citados, tienen una
toxicidad adicional incluso más grave que la hipocalcemia.
En caso de exposición a estos tóxicos, profilácticamente puede
aconsejarse beber 1 ó 2 vasos de leche como aporte cálcico.
La segunda indicación de las sales de calcio es la hipotensión provocada
por una sobredosis de calcioantagonistas a la que pueden
revertir.
No es aconsejable su empleo pre-hospitalario debido al control que
precisa.
Sueroterapia. Medicación
inespecífica (Ringer, fisiológico, expansores...) útil, a veces,
en atención urgente, para empezar a corregir la hipotensión arterial,
muy frecuente en toxicología clínica y que obedece a factores diversos:
hipovolemia (falta de ingesta, sudoración, vómitos, diarrea),
resistencias periféricas disminuídas, efectos inotropos negativos.
Sulfato Mg. Sobres de 50
g (fórmula magistral).
El sulfato Mg es capaz de neutralizar la sobreingesta de sales solubles
de bario.
Si la extracción digestiva está indicada, se practicará un
aspirado-lavado gástrico con una solución de sulfato Mg al 5%. Al
finalizar, se administrarán 300 mg/kg de Sulfato Mg a través de la
propia sonda de lavado.
Debe controlarse el ionograma por el riesgo de hipopotasemia.
Tiamina. Como se ha
mencionado previamente, la tiamina (100 mg/i.m.) debe emplearse
complementariamente después de la administración de glucosa hipertónica
como prevención del Wernicke.
En atención toxicológica primaria, la tiamina tiene una indicación
adicional: administrada en la intoxicación por etilenglicol promueve el
metabolismo del ácido glioxílico (tóxico intermedio del etilenglicol) a
un producto atóxico. Es una acción similar a la que ejerce la
piridoxina.
Se administra una única dosis de 100 mg/i.m. ante la simple sospecha de
ingesta de etilenglicol, previa al traslado hospitalario.
TERCERA PRIORIDAD TERAPÉUTICA:
ADMINISTRACIÓN DE ANTÍDOTOS
CONCEPTOS CLAVE
* Los antídotos deben sólo utilizarse bajo una indicación precisa ya que
algunos poseen toxicidad propia.
* Se dispone de un número limitado de ellos, siendo usados sólo en el
5-10% de intoxicaciones.
* Algunos antídotos pueden y deben ser empleados en toxicología
pre-hospitalaria lo que les confiere un mayor margen de eficacia.
* Los antídotos junto con otras sustancias forman el botiquín
toxicológico.
* Es preciso definir y difundir la composición del botiquín toxicológico
adecuado en asistencia pre-hospitalaria, a fin de que este nivel esté
preparado para cumplir su rol terapéutico ante una intoxicación.
CUARTA PRIORIDAD
TERAPÉUTICA:INCREMENTAR LA EXCRECIÓN
De manera fisiológica, el organismo
dispone de tres vías distintas para eliminar cualquier tóxico: la vía
respiratoria, la hepática y la renal. En terapéutica sólo se puede
influir sobre la vía renal incrementando la diuresis (diuresis forzada).
Alternativamente se pueden usar también métodos de depuración
extrarrenal.
En la práctica toxicológica pre-hospitalaria no está indicada ni la
diuresis forzada ni, obviamente, la depuración extrarrenal.
No obstante, deben conocerse sus bases fisiológicas y sus indicaciones
que, incluso, una vez valoradas en un caso concreto podrían justificar
la demanda de traslado a un centro especializado.
CUARTA PRIORIDAD TERAPÉUTICA:
INCREMENTAR LA EXCRECIÓN
CONCEPTOS CLAVE
* Las indicaciones de la depuración renal o extrarrenal en toxicología
clínica, son muy restringidas.
* Para su indicación correcta se precisan unas condiciones clínicas del
intoxicado y unas características farmacocinéticas del tóxico (y, a
veces, de sus concentraciones séricas).
* Obviamente, no deben realizarse en el ámbito extrahospitalario.
QUINTA PRIORIDAD
TERAPÉUTICA:
MEDIDAS NO ESPECÍFICAS
Además del tratamiento específico hasta
ahora descrito, es preciso considerar algunas medidas coadyuvantes para
corregir alguna sintomatología inespecífica que puede acompañar a la
intoxicación.
Síntoma agitación. La
agitación puede ser inducida por el propio tóxico (alcohol,
simpaticomiméticos, drogas de abuso), por la patología psiquiátrica
subyacente o por un síndrome de deprivación.
Debe actuarse en tres sentidos:
— Farmacológicamente con sedación.
— Suprimiendo estímulos del entorno.
— Evitando la autolesión o la agresión a otros (a veces, se precisará
contención mecánica).
El diazepam (I.v. 10-30 mg) u otra benzodiacepina, es la droga más usual
para lograr la sedación.
Una alternativa válida es la administración de clotiapina 40-80 mg/i.m.
El haloperidol (5-10 mg/i.m.) es el fármaco de elección en la agitación
por sobredosis de anfetamínicos.Al dosificar o elegir el método para
sedar el enfermo, a nivel pre-hospitalario deben valorarse los efectos
de la sedación antes del traslado.
Síntoma dolor. El dolor
cólico abdominal que aparece en el curso de una diarrea de origen
tóxico, en general, no precisa tratamiento.
El dolor del causticado grave debe tratarse con un analgésico
parenteral. Si el dolor es intenso y/o hay sintomatología de perforación
digestiva deben administrarse opiáceos.
Síntomas vómitos-diarrea.
¿Deben tratarse? ¿O es mejor porque ayudarán a evitar la absorción del
tóxico?
Si el vómito aparece precozmente después de la ingesta tóxica, no debe
administrarse un antiemético, pues probablemente facilitaríamos la
absorción.
En cambio, si han transcurrido 4-6 horas post-ingesta puede
administrarse 10 mg/i.m. o I.v. de metoclopramida, si los vómitos son
repetidos e intensos.
También está indicado un antiemético si el vómito representa un grave
riesgo de broncoaspiración (intoxicado obnubilado con disminución del
nivel de conciencia, aparte de otras medidas ya especificadas), si se ha
ingerido un cáustico con nula absorción sistémica o ante la presencia de
vómitos hemáticos.
Por supuesto, también se tratarán sintomáticamente los vómitos repetidos
que pueden aparecer en intoxicaciones sin vía de entrada digestiva.
La diarrea no debe tratarse, pero sí sus consecuencias (reposición
volemia, electrolitos, etc).
Valoración psiquiátrica.
La consulta psiquiátrica urgente es obligada tras una intoxicación
voluntaria para objetivar el riesgo autolítico. Se hará a nivel
hospitalario.
En asistencia pre-hospitalaria, si el intoxicado no precisa traslado a
un hospital por motivos toxicológicos, deben valorarse los aspectos
psiquiátricos y el riesgo de recidiva de la intoxicación para remitirlo
a consulta psiquiátrica urgente.
Aspectos médico-legales.
Cualquier tipo de intoxicación tiene implicaciones médico-legales, ya
que no puede deducirse a priori qué responsabilidad encierra,
tanto en las intoxicaciones voluntarias como en las accidentales.
Ello condiciona el que ante una intoxicación deba extenderse siempre un
parte judicial narrando los hechos.
NECESIDAD DE UN CENTRO ANTITÓXICO
QUE OFREZCA ASESORÍA
TOXICOLÓGICA
Ningún nivel asistencial es capaz de resolver todos los problemas
toxicológicos que plantean los casos agudos.
El número de sustancias potencialmente tóxicas es muy elevado, del orden
de 50.000. Conocer su composición, su toxicidad y el manejo clínico
adecuado es una tarea imposible sin la asesoría de un centro antitóxico.
El centro toxicológico no sólo dará información sobre la toxicidad de un
producto sino también sobre la actitud a tomar, ofreciendo experiencia
clínica, soporte analítico, conocimiento de los recursos de la red
asistencial, y todo lo preciso para que cada nivel asistencial pueda
cumplir con precocidad y adecuadamente su cometido terapéutico
toxicológico.
En nuestro país existe un centro de atención de pacientes intoxicados
donde se dictan cursos de postgrado en el área y existen centros de
asesoramiento en varias ciudades del país. En la página de inicio
encontrará los teléfonos mas importantes.
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